¿Habrá que concluir´que los males de la Patria son la soberbia, la sordera, y el “buenismo”? ¿Y ahora qué? ¿Qué hacemos con los tontos agoreros que aciertan?
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Martes, 21 de julio 2026

¿Habrá que concluir´que los males de la Patria son la soberbia, la sordera, y el “buenismo”? ¿Y ahora qué? ¿Qué hacemos con los tontos agoreros que aciertan?
María José Izquierdo
España no va bien. Somos campeones en aumento de precios, endeudamiento, déficit de la balanza exterior y desempleo y por si fuera poco nos hemos zampado el superávit de caja. En realidad, cada día que pasa estamos más preocupados por la crítica situación económica. Y no es para menos.
Aproximadamente, eso fue lo que meses atrás dijo el que fuera el fichaje estrella del PP, Manuel Pizarro, y ya saben como le fue: perdió el debate electoral frente a un oponente Solbes, que se convirtió en un héroe epopéyico del patriotismo económico.
¿De qué sirve ahora enmascarar “los males de la Patria” –que el ex de Endesa puso sobre la mesa- o aburrir a la audiencia con una retahíla de datos económicos que no va a ninguna parte, en modo alguno mejora la situación económica y, ni remotamente concita a los buenos espíritus del Purgatorio Medio para salvar a la Nación de ese regolfo de antipatriotas pesimistas sin asiento fijo en el centro político, que se “regodea” haciendo una oposición económica catastrofista?
El hoy devenido en portavoz Constitucional del PP habrá tomado buena nota: lo que mola es la soberbia ilustrada; de un país lleno de listos que se equivocan, oigo que dice el ex presidente Aznar en la TV de Esperanza Aguirre y aunque lo dice por otros motivos, se lo copio pues no le falta razón. Lo que arrebata es que nos traten como a “niños mimados”, que decía Ortega, y el gobierno compre nuestros votos a base de propinas, como los 400 euros.
Pero probablemente, también, tengamos un mal de oreja aún no diagnosticado médicamente. Posiblemente, seamos un país de sordos y sordas a los que nos gusta que nos regalen el oído (tiene su lógica). O, lo que nos pasa es que con tanto “laicismo” de andar por casa necesitamos creer en lo que no se ve ni de cerca. Es una conjetura hipotética.
¿Habrá que concluir, entonces, que los males de la Patria son la soberbia, la sordera, y el “buenismo”? ¿Y ahora qué? ¿Qué hacemos con los tontos agoreros que aciertan?
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