En septiembre veremos como las turbulencias, la desaceleración, la brusca desaceleración, la coyuntura claramente adversa, las serias dificultades económicas y ahora la crisis con la boca pequeña, acaba en ligera recesión. Otro cantar.
María José Izquierdo
Le digo a una “miembra” que he ideado un plan de ataque doméstico para sobrevivir a la crisis económica y que voy a pasárselo por e-mail al Presidente del Gobierno, por si me lo subvenciona, ahora que aún estoy a tiempo. Crisis es oportunidad. Recesión, otro cantar
El plan lo he etiquetado como Pasacrisis I. Una especie de juego de Monopoly, al revés. No vaya a crear una burbuja inmobiliaria. Gana el que nunca gasta, ni consume, ni arriesga, ni tiene dinero, ni hace nada de nada, por si las moscas. Pero es un plan de corte muy socialdemócrata.
La primera regla (aceptada sin rechistar por los “miembros” y “miembras” de la casa) es que los productos que no son de primera necesidad se compran en El Corte Inglés. La segunda –impuesta a golpe de “ordeno y mando” pues la carne es débil y caprichosa- es que el producto se devuelve una vez satisfecho el mono consumista.
La tercera, ¡ay, la tercera!: bajo ningún concepto se saca dinero del cajero automático de ningún banco. Es la más fácil, porque nunca tienen. Pero si lo tuvieran, tampoco. ¡Ahora lo necesitan ellos!
Qué culpa tiene La Caixa, o el Santander, o el BBVA, digo, de que suba la hipotéca, la luz, el pan, la carne, la fruta, la gasolina, el pescado; y, las multas de tráfico del ayuntamiento de Madrid; el vestido, las matrículas, los libros, el canon digital y otros impuestos; las medicinas; las bodas –que ahora son de tres días-, bautizos –que son como comuniones- y comuniones y cumpleaños –que son como bodas-, así como un interminable etcétera de consumos a los que nos acostumbró la España del va bien de Aznar.
Pues, a grandes males, grandes remedios. Vuelta de tuerca y ajuste severo. O sea, en casa se come de rancho y plato único y los domingos no se cena; no se paga para que otros hagan lo que puede hacer uno mismo –tareas domésticas- y se recicla y aprovecha todo alimento que sobra y todo el fondo del armario, incluidos los cachivaches olvidados en el trastero. ¿Qué se necesita una lámpara? ¡Pues se hace trastero un rato! Al fin y al cabo es como ir de mercadillo.
La miembra se alarma. “¿Qué tu marido y tu lleváis la comida al trabajo en un “tuper” para ahorrar?.. ¡Qué vergüenza, cómo los albañiles en la época de López Rodó! ¿Y dónde coméis? ¿En el despacho? ¿Qué la cafetería supone gasto? Pero, pero… ¿así estáis? ¿Qué este año sólo vais quince días al mar? ¡Dios Santo!… ¿Qué queréis vender uno, dos o los tres coches? ¿Pero que digo yo cuando me pregunten cómo os va?”
Pues que pasarlas canutas forja carácter y es bueno para el cuerpo y para el alma; mejor que la dieta Naturhouse o la cura de adelgazamiento de Montigñac; tan instructivo como el mejor MBA, y lo más I+D+I para el desarrollo y la sostenibilidad doméstica y familiar. Une mucho. Y, además, creativo. Cualquier día verás el PASACRISIS I, convertido en un juego de la WI. Y que no podemos hacer otra cosa.
¿Qué te lo pase por e-mail? Vale. ¿Por si acaso?… Vale. ¿Visto lo visto?… Vale. Vale. ¿Qué todo puede pasar? Ya… Si… Las turbulencias, la desaceleración, la brusca desaceleración, la coyuntura claramente adversa, las serias dificultades económicas y ahora la crisis con la boca pequeña, puede acabar en una recesión inesperada. Otro cantar. Pero, claro: aún no es una hipótesis… No. No. Yo no sé si recesión es oportunidad.
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