El tribunal Supremo de Brasil aprobó este miércoles por cinco votos contra cuatro la extradición a Italia del terrorista de las Brigadas Rojas Cesare Battisti. Lula tiene la última palabra en esta cuestión.
Asesinó a cuatro personas
Cesare Battisti, de 55 años, fue condenado en rebeldía por la Justicia italiana a cadena perpetua en 1993 por el asesinato en los años 70 de cuatro de cuatro personas: Antonio Santoro, Lino Sabbadin, Andrea Campagna y Pierluigi Torregiani. El terrorista cometió esos asesinatos cuando era miembro de Proletários Armados pelo Comunismo (PAC), grupo vinculado a las Brigadas Rojas. Battisti, que lleva preso en Brasil desde 2007, inició una huelga de hambre días antes de que el Supremo comenzara a deliberar sobre su extradición, rechazada por el italiano. Aunque niega haber cometido éstos crímenes, su defensa mantiene que se trata de crímenes políticos ya prescritos, según informa Europa Press.
El fallo en el que se autoriza su extradición fue aprobado después de que en el último momento el presidente del Tribunal Supremo, Gilmar Mendes, cambiara su voto al considerar que “no se puede atribuir los crímenes de sangre cometidos de forma premeditada el mismo carácter de crimen político”. Sin embargo, como reconocen los magistrados, Luiz Inácio Lula da Silva tiene la última palabra sobre si se mantiene la condición de refugiado político que se le había concedido, lo que evitaría su extradición.
Según publica el diario Fohla, el presidente brasileño busca una “salida jurídica” que le permita ratificarse en la concesión del refugio político a Battisti y así lograr que permanezca en el país suramericano. Dado que nunca ha bloqueado una decisión del Tribunal Supremo,si no consigue su objetivo Lula posiblemente permitiría la extradición para evitar transmitir la idea de que se enfrenta a dicha instancia judicial. Lo más probable es que los intentos presidenciales se fundamenten en el argumento dado por el Ministro de Justicia en enero, cuando se le concedió el estatuto de refugiado, en el sentido de que está “fundado en el temor de persecución política” al ser extraditado a Italia.
Otro obstáculo con el que se enfrenta Lula a la hora de evitar la extradición es de orden moral. Este lunes se comprometió en Roma ante el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, a respetar la decisión del Tribunal Supremo si resultaba determinante. En aquel momento, parecía que Mendes votaría contra la destitución. Ante esto podría argumentar que los magistrados han avalado sus atribuciones presidenciales para conceder el estatuto de refugiado.
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