Política

Netanyahu tiene complicado sumar socios a su Gobierno tras el rechazo de Livni y Barak

El viernes pasado, Netanyahu recibió del presidente Shimon Peres el mandato para gobernar con la recomendación de formar un gobierno de unidad nacional. Sin embargo, la tarea del líder de la derecha israelí pareciera estar destinada al fracaso.

La situación política en Israel
El líder de la derecha israelí, Benjamin Netanyahu, tiene problemas para conseguir aliados de peso en su eventual gobierno. Tanto la canciller Tzipi Livni, como el jefe del Laborismo, Ehud Barak, rechazaron su oferta de integrar un gobierno de “unidad nacional”.

“El pueblo ha decidido reenviar a los laboristas a la oposición y respetamos esta decisión”, dijo Barak, al resumir su encuentro con el líder del derechista Likud, quien le ofreció el ministerio de Defensa y otras cuatro carteras con la intención de no depender exclusivamente del apoyo de la ultraderecha y los ultrarreligiosos.

El viernes pasado, Netanyahu recibió del presidente Shimon Peres el mandato para gobernar con la recomendación de formar un gobierno de unidad nacional. Sin embargo, la tarea del líder de la derecha israelí pareciera estar destinada al fracaso.

El domingo pasado fue la canciller Tzipi Livni, del partido Kadima, la que le dio el “no” en términos amables pero nada diplomáticos. “No voy a estar ahí para blanquear a un gobierno sin horizonte y sin esperanza”, dijo la ministra de Relaciones Exteriores.
 
Y luego fue el turno de Barak, quien rechazó el pedido de Netanyahu, que había acariciado la idea de tener como ministro de Defensa y subalterno suyo a quien fuera su jefe militar en los comandos especiales en los años setenta.

El Partido Laborista, fundador del país, obtuvo sus peores resultados de la historia en las legislativas del 10 de febrero al obtener sólo 13 de los 120 escaños del Parlamento unicameral (Knesset).

“Seremos una oposición responsable, seria y constructiva”, dijo Barak, sabiendo que la decisión de participar en los gobiernos de la derecha minaron su posición de partido alternativo de gobierno y le llevaron a la triste situación de ser el cuarto partido, sin influencia y sin mayor respaldo.

Netanyahu, un halcón que se negó a apoyar los acuerdos de Oslo de 1993 con los palestinos y no se compromete hasta el momento a respetar los pactos a los que llegaron los últimos gobiernos israelíes, es consciente del precio que podría tener un gobierno de 65 diputados integrado por grupos de la ultraderecha como los que le manifestaron su apoyo.

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