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Piedad Cordoba y el dictador Fidel Castro

Según Piedad Córdoba, Fidel Castro es un “luchador por la paz” en Colombia

Juan Manuel Santos está en el timón de Colombia después de haber obtenido en las urnas el apoyo popular más alto de la historia de su país. En sus primeras horas de gobierno debió enfrentar muy distintas experiencias.

La primera fue la de procurar distender -con algún grado de éxito- la tensión que existía entre su país y Venezuela. Lo hizo acordando recomponer las relaciones diplomáticas entre ambos países, que Hugo Chávez había roto para hacer “humo” como consecuencia de la reciente denuncia colombiana ante el Consejo de la OEA, el Tribunal Penal Internacional y la Comisión de Derechos Humanos de la OEA por las violaciones venezolanas al Derecho Internacional. Esto es, al mantener fronteras porosas con Colombia de modo de proveer así santuario fácil -en territorio de Venezuela– a los guerrilleros colombianos de las FARC y del ELN, quienes -desde hace décadas- cometen todo tipo de crímenes y violaciones al derecho internacional humanitario en Colombia, para refugiarse luego en Venezuela. Para Hugo Chávez, las obligaciones impuestas en materia fronteriza por la Resolución 1373 del Consejo de Seguridad de la ONU simplemente no existen.

Ambos países comparten una frontera particularmente larga, de unos 2.200 kilómetros, que va desde las playas del Mar Caribe hasta la misma selva amazónica. La más extensa de Colombia con cualquiera de sus vecinos. Cada día, unos 350 colombianos se refugian en Venezuela, escapando al conflicto armado y a las conocidas maldades, atropellos, secuestros, extorsiones, y otras tropelías de los guerrilleros marxistas. Casi el 15% de los 4,5 millones de personas que viven en Venezuela son, por lo demás, de origen colombiano.  La relación entre las sociedades de ambos países hace impensable un conflicto armado entre ambos. Pero Chávez es tan audaz, como impredecible.

La tirantez entre ambos países ha provocado daños económicos y comerciales de importancia. Al llegar Juan Manuel Santos al poder se habían perdido -en la zona de frontera- unos 130.000 empleos por la drástica caída del nivel del intercambio comercial entre ambos países. Un comercio bilateral que normalmente es intenso y que fuera del orden de los 7.200 millones de dólares anuales en el 2008, había caído a apenas unos 4.800 millones de dólares el año pasado y a unos escasos 1.400 millones de dólares que han sido estimados para el año en curso. El perjuicio es ciertamente importante y poder corregirlo es prioritario para ambos países, pero especialmente para Venezuela, nación insólitamente acostumbrada a importar lo sustancial de su consumo de alimentos.

La segunda sacudida fue dura para Santos. Pero no sorpresiva: una bomba de gran poder explotó en el centro de Bogotá, frente al edificio de Radio Caracol, en plena zona financiera. La guerrilla le hizo así recordar algo que no puede olvidarse nunca: que es una fea y cruel realidad. Pero lo cierto es que pocos, muy pocos, lo saben tan bien como el propio Santos, responsable directo de haberla debilitado sensiblemente cuando se desempeñara como Ministro de Defensa del gobierno del ex Presidente Álvaro Uribe. Un golpe fuerte de realismo, entonces, más allá de las muy poco creíbles maniobras y pases de capa de Hugo Chávez. Para el terrorismo, una forma de “medir” a Santos, quizás.

Más de lo mismo, entonces. Como sucedió también de inmediato con la renovada “actividad política” de la “compañera de ruta” oficial de las FARC: la senadora liberal Piedad Córdoba, quien (como es habitual) fue en busca de instrucciones y consejo a La Habana, donde se entrevistó con Fidel Castro, el responsable ideológico y material de que las FARC hayan existido durante tantos años y sigan aún siendo una lamentable realidad. Él es el hombre que las inspira y alienta constantemente. Y que, además, presumiblemente las ha apoyado y apoya solapadamente, de mil maneras. Lo que no puede disimularse.

Esta vez Doña Piedad, normalmente con su no imperceptible humanidad ataviada de rojo vivo, a la manera de Cristina Kirchner cuando recibe a Chávez, dijo haber hablado “de paz” con Castro. Lo que es poco creíble. Probablemente discutió con él la nueva estrategia que les exige el momento, que visiblemente consiste en construir disimulo levantando densas cortinas de humo, de modo que no se vea la realidad que está detrás de las gravísimas acusaciones de Colombia. Me refiero a las violaciones venezolanas a la mencionada Resolución 1373 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la probable complicidad personal del propio Hugo Chávez en los crímenes de guerra de las FARC y del ELN cometidos en Colombia (los crímenes de guerra son, recordemos, simplemente delitos de lesa humanidad cometidos en conflictos armados internos, como el colombiano, específicamente proscriptos por la Cuarta Convención de Ginebra de 1949). 

Según Piedad Córdoba, Fidel Castro es un “luchador por la paz” en Colombia. La verdad es bien distinta: durante décadas apoyó a todos los movimientos terroristas de la región, incluyendo a los argentinos. Como él mismo lo reconociera públicamente. A los 84 años, Fidel está físicamente mellado y ahora dedicado a asustar al mundo con pronósticos apocalípticos que lanza cual metralla, en defensa de Irán.

Veremos como sigue en más la delicada cuestión de las FARC en Venezuela. Pero lo que no debe permitirse es que las gravísimas acusaciones de Colombia no se investiguen y se diluyan -en cambio- en el mar de retórica que está edificando el teniente coronel Chávez, una vez más para esconder la realidad.

  
 
Emilio Cárdenas, fue Embajador de la República Argentina Naciones Unidas.

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