Europa, Política, Portada
Protesta «Nos vemos en Vidovdan» en la Plaza Slavija en Belgrado (Serbia), en junio de 2025. Foto: Mašina (Wikimedia Commons / Share Alike).

Protesta «Nos vemos en Vidovdan» en la Plaza Slavija en Belgrado (Serbia), en junio de 2025. Foto: Mašina (Wikimedia Commons / Share Alike).

Serbia, un Estado doblemente cautivo

Serbia vive un doble cautiverio político y social. En el plano político, el poder se concentra en torno a Aleksandar Vučić y el Partido Progresista Serbio, que controlan las instituciones, los medios y una red de clientelismo y corrupción. En el ámbito social, la movilización estudiantil simboliza la resistencia cívica, pero aún carece de un proyecto político alternativo capaz de desafiar al régimen.

Las protestas estudiantiles nacieron como reacción a un símbolo de la corrupción estructural. El colapso de una marquesina en Novi Sad, atribuido a la negligencia y la corrupción, detonó una ola de indignación social. Las protestas se mantuvieron durante un año, con un carácter cívico y apartidista, aunque el gobierno las desacreditó tachándolas de movimientos manipulados desde el exterior y las reprimió mediante violencia e intimidación.

Las protestas han abierto una “ventana de oportunidad política”. Según la teoría del politólogo Sidney Tarrow, la crisis de legitimidad, las fisuras dentro de las élites, el apoyo de actores civiles y la presión internacional han creado condiciones propicias para el cambio. Sin embargo, esa oportunidad dependerá de si la movilización logra institucionalizarse o es absorbida por el sistema.

El régimen híbrido de Vučić se sostiene en su legitimidad económica. Serbia muestra rasgos de autoritarismo electoral y clientelismo, pero ha mantenido el respaldo europeo gracias a la estabilidad y al crecimiento económico. El Fondo Monetario Internacional reconoce avances, aunque persisten grandes brechas estructurales –corrupción, mercado laboral, capital humano, innovación y gobernanza– cuya corrección determinará el futuro político del país.

El horizonte político serbio sigue incierto y polarizado. Las protestas han reactivado la vida cívica, pero Serbia continúa atrapada entre un autoritarismo consolidado y una sociedad desmovilizada. El cambio dependerá de que la oposición y el movimiento estudiantil articulen una alternativa democrática viable. En última instancia, sólo unas elecciones libres podrían abrir una salida a la crisis política actual.

El análisis completo en este Enlace.

 

Mira Millosevich Juaristi

Mira Milosevich-Juaristi

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú