Política

Si Alckmin es Presidente de Brasil

Cuando el “neoliberalismo” llegó a América Latina, en Brasil lo hizo en la versión moderada de Fernando Enrique Cardoso, mientras que en la Argentina fue en la más extrema de Carlos Menem. A su vez en la ola de centro-izquierda que tuvo lugar en la primera mitad de esta década, la versión brasileña estuvo encarnada por Lula, caracterizado por su ortodoxia económica y su estilo político conciliador, tanto en la política interna como en la internacional.

Rosendo Fraga
Que el primer sondeo conocido después de los comicios dé a Lula una ventaja de sólo 4 puntos sobre su rival para la segunda vuelta que tendrá lugar el 29 de octubre y que los analistas políticos brasileños reconozcan que es posible un triunfo de Geraldo Alckmin, lleva a analizar cuál es el escenario en caso que gane.

Ante todo, cabe señalar las fuertes diferencias existentes entre Brasil y Argentina tanto en cultura política como en el funcionamiento institucional, como modelo de análisis.

Mientras que en este último país se cambia siempre entre extremos, en el primero sucede lo contrario, los giros se realizan entre los moderados.

Cuando el “neoliberalismo” llegó a América Latina, en Brasil lo hizo en la versión moderada de Fernando Enrique Cardoso, mientras que en la Argentina fue en la más extrema de Carlos Menem. A su vez en la ola de centro-izquierda que tuvo lugar en la primera mitad de esta década, la versión brasileña estuvo encarnada por Lula, caracterizado por su ortodoxia económica y su estilo político conciliador, tanto en la política interna como en la internacional.

En cambio la versión argentina es Kirchner, que desafía con la heterodoxia económica y utiliza un estilo de confrontación tanto en la política interna como en las relaciones internacionales.

Lo mismo sucede con los ciclos económicos. Cuando las crisis se desatan en Brasil son moderadas, como sucedió a comienzos de la segunda presidencia de Cardoso a fines de los años noventa. En cambio en la Argentina suelen ser extremas como la que tuvo lugar entre 2001 y 2002. A su vez las recuperaciones argentinas son extremas, como viene sucediendo en los últimos cuatro años, mientras que en Brasil son mucho más moderadas como sucedió en la presidencia de Lula.

Cuando el PBI cae en la Argentina desciende el 11% como en 2001, cuando se recupera es al 9% como ha tenido lugar entre 2003 y 2005. En Brasil, en cambio, la crisis es crecer 0% y la recuperación solo 3%.

En la Argentina las crisis cuando se desatan son peor de lo esperado y las recuperaciones mejor, pero nunca en lo previsto. En cambio en Brasil todo resulta más previsible.

La ventaja de uno y otro es clara. Mientras la Argentina entre 1998 y 2006 promedia una tasa de crecimiento del 1,2%, Brasil supera el 2%.

En este marco, un eventual gobierno de Alckmin, implicaría menos cambios en el gobierno de Brasil que los inducidos por la confrontación de la campaña electoral.

Es cierto que Lula es un obrero y dirigente sindical proveniente de los sectores más pobres de Brasil, mientras que el candidato opositor es todo lo contrario, un profesional exitoso de la elite. También lo es que los sectores medios votaron por Alckmin y que en cambio los postergados siguieron haciéndolo por Lula. Es claro que el norte más pobre votó por éste último y que el sur más rico lo hizo por el candidato opositor.

En el parlamento brasileño, ningún partido ha tenido la mayoría absoluta en las ultimas décadas, mientras que en la Argentina si no se la tiene en las dos cámaras, pareciera que no se puede gobernar. Asimismo, en éste país si un Presidente no controla la Corte, siente que no tiene todos los resortes para gobernar con eficacia y ello no sucede en Brasil.

En este país la clave de la política es el consenso y en la Argentina en cambio la hegemonía.

El Congreso no será un problema tan complicado en una presidencia de Alckmin, como en un segunda mandato de Lula. En la cámara baja, los partidos de la actual coalición oficialista quedan con sólo 223 bancas sobre 513, en cambio la eventual coalición del candidato opositor, podría articular una mayoría. En el Senado, la situación de Lula es aún más difícil.

En las gobernaciones, queda un cuadro dividido, con las más importantes en términos económicos (Sao Pablo y Minas Gerais) en manos de Alckimin.

Su eventual gobierno, tendría mejor relación con el mundo empresario los medios de comunicación y peor con los sindicatos y movimientos de protesta como los Sin Tierra, que Lula.

Tendría lugar un giro pro-mercado, pero no se impulsarían reformas drásticas al estilo de las economías asiáticas.

La cuestión de la corrupción le resultaría más fácil que para Lula, por la sencilla razón de que este último lleva ya cuatro años de desgaste y el tema lo ha afectado, como se puso en evidencia en el resultado electoral.

En lo internacional, sería un Brasil más cerca de EE.UU., que con Lula. Se retomaría la posibilidad de un acuerdo de comercio con la primera economía del mundo y sería difícil hacerlo a través del MERCOSUR, dada la reciente incorporación de Venezuela.

Chávez comenzaría a tener el límite que no tuvo con Lula y es posible una mejor relación de Brasil con Colombia e incluso con México. Respecto a Bolivia, seguramente un gobierno de Alckmin se mostraría menos flexible y algo similar ocurriría con los reclamos comerciales argentinos.

Para el MERCOSUR, un Brasil gobernado por el candidato de centro-derecha, implica que las diferencias entre éste país y Venezuela pueden paralizar el grupo, pero nunca que tenga lugar una crisis terminal o la desaparición.

Pero los objetivos nacionales se mantendrán. Brasil seguirá buscando una banca permanente en el Consejo de Seguridad como lo ha hecho en los últimos años; no se suspenderá el proyecto de contar con un submarino nuclear en servicio en 2010; el liderazgo explícito que persiguió Lula en América del Sur, puede tornarse en la búsqueda de un rol moderado como factor de equilibrio: la idea de que Brasil es una potencia del futuro, como China, India y Rusia, seguirá presente en la política exterior, pero quizás con mayor moderación y con más conciencia de las limitaciones y formas de acción como el G3 (Brasil, India y Sudáfrica), seguirá jugando un rol en la política de Itamaraty.

En conclusión, un eventual gobierno de Alckmin en Brasil, implica cambios, pero siempre moderados, como sucede históricamente en este país y como también lo fueron las reformas de Lula como presidente de centro-izquierda.

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Rosendo Fraga es analista político e historiador argentino. Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, de Argentina.

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