La gestión del muy peculiar presidente uruguayo, José Mujica, es desordenada. Casi caótica. Está lamentablemente constreñida -y limitada- por la fuerte presión ideológica que proviene de la extrema izquierda de la coalición de gobierno: la denominada “Frente Amplio”, en la que aparece hasta el propio Partido Comunista de Uruguay.
Ocurre que la administración de Mujica es ciertamente de izquierda. Más bien moderada, pero de izquierda. Esto es lo que nos acaba de recordar abiertamente el propio “Pepe” Mujica, al haber concurrido a Caracas, con Daniel Ortega y Evo Morales, para respaldar públicamente (con su presencia y curiosas reflexiones) al todavía convaleciente Hugo Chávez, en una reunión multitudinaria que fuera convocada al efecto presumiblemente desde La Habana. Dejando de lado aquello de que en nuestra región existe el principio de “no intervención en los asuntos internos de otros estados”. Pulverizándolo, más bien.
Seguramente por aquella frase tan peligrosa pero reveladora, emanada no hace mucho del propio Mujica, cuando -muy suelto de cuerpo- sostuvo que “lo político tiene prioridad sobre lo jurídico”, síntesis que es, obviamente, todo lo contrario a pronunciarse a favor del apego y respeto a la ley.
Por esto no sorprende demasiado que, en el 2012, Uruguay haya caído algo en materia de libertad económica, según lo refleja el “Índice de Libertad Económica” de la Fundación Heritage.
Está ubicada en el puesto 36, entre 185 países. En nuestra región el líder en esa lista es, inequívocamente, Chile, que aparece 7° entre todos los países.
Uruguay, en cambio, es un país “moderadamente libre”. Pero era, hace apenas dos años, “mayormente libre”. Está en una categoría pasable, en la que lo acompañan Colombia (37°); Perú (44°); y México (50°). Detrás aparece Paraguay (80°). Y en otra categoría, durísima, Brasil (100°); Argentina (160°) y Venezuela (174°). Los dos últimos países están claramente entre los menos libres del mundo, entonces. En esos dos últimos casos queda claro que es realmente casi imposible estar peor.
La pequeña caída de Uruguay parecería tener que ver con una creciente pérdida de libertad en su capítulo laboral, lleno de rigideces y sobre-reglamentado. Una pena, porque para acelerar su modernización lo que sucede en el plano laboral no es menor. El propio Mujica lo ha dicho pero específicamente respecto de la ineficacia y privilegios de los empleados del enorme sector público uruguayo. No obstante, se ha progresado poco.
Entre las preocupaciones que Uruguay debe resolver con alguna urgencia están: la inflación, que ya es del 7,5% anual, con tendencia a crecer; y la sobrevaluación del peso. Ambas cosas, en su conjunto, están haciendo estragos en algunos sectores en particular de la economía oriental. Particularmente en aquellos que tienen algo que ver con el sector externo, incluyendo el turismo. Los grandes perjudicados, como suele suceder, son los asalariados y los pasivos, esto es aquellos que tienen ingresos fijos, a los que la inflación golpea siempre con una particular dureza, a la manera de ensañamiento. Porque es a ellos a quienes la 15° suba de precios más importante del mundo, como es la uruguaya, perjudica inmediatamente.
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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