La organización Transparency International ha presentado su informe anual sobre la corrupción en el mundo. De los países del continente americano (Puerto Rico es analizado por separado de EEUU) sólo diez tienen un índice considerado de poca corrupción.
Haití y Venezuela, los peores
El Índice de Percepción de la Corrupción (IPC), elaborado en base a encuestas en las que se analiza la sensación de corrupción que transmite el sector público de los países, oscila de 0 (muy corrupto) a 10 (nada corrupto). En el continente americano, 21 de los 31 países recibieron una puntuación por debajo de 5, “lo que demuestra un serio problema”, según Transparency International (TI). Además, nueve de ellos se situaron por debajo de 3.
Entre los diez países que obtuvieron una puntuación superior a 5, y por tanto presentan un nivel bajo de corrupción, Canadá ocupa la primera posición de la lista y se mantiene entre los diez países con los niveles más bajos de percepción de corrupción en todo el mundo. Según TI, “se ha convertido en un referente y modelo para toda América. La puntuación de Estados Unidos se mantiene estable en 7,5, “pese a la preocupación generalizada sobre la falta de control del sector financiero por parte del gobierno”. El informe destaca además que Chile, Uruguay y Costa Rica “son los únicos países latinoamericanos incluidos en este grupo, si bien tienen una puntuación inferior a la de otros países del Caribe como Barbados y Santa Lucía“.
Los países con una puntuación inferior a 3 y, por tanto, con una mayor percepción de corrupción son Haití (1,8), Venezuela (1,9), Paraguay (2,1), Ecuador (2,2), Nicaragua y Honduras (ambos con 2,5), Guyana (2,6), Bolivia (2,7) y Argentina (2,9). TI señala que los casos venezolano y argentino indican “que los altos
niveles de percepción de corrupción no están asociados exclusivamente con la pobreza”.
Esta organización alerta además de que “los periodistas de América Latina se enfrentan a un entorno cada vez más restrictivo, y varios países han sancionado o propuesto leyes destinadas a silenciar al periodismo crítico, lo cual atenta contra la libertad de prensa en general y la posibilidad fundamental de denunciar la corrupción y su impacto”. TI añade: “Tanto la sociedad civil como los medios de comunicación desempeñan un rol clave en la prevención de la corrupción y las medidas para combatirla. Debilitar a estos actores, especialmente en un momento en que las instituciones democráticas también están siendo puestas a prueba en varios países, limita la posibilidad de alcanzar una prosperidad duradera y reducir las desigualdades”.
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