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En Ucrania se evidencia que el conocido autoritarismo ruso es proclive a cometer horribles crímenes de guerra

Para Rusia, la aventura criminal que ha iniciado contra Ucrania tendrá un costo material enorme.

La ilegal agresión rusa a Ucrania está dejando ver, con meridiana claridad, la enorme cuota de autoritarismo que, desgraciadamente, conforma la esencia misma de la identidad rusa. La televisión nos muestra, instantánea y constantemente, sus repulsivos crímenes de guerra. Y, más aún, el condenable sarcasmo con el que ellos se cometen.

Los rusos convienen en definir “corredores humanitarios” para permitir que, a través de ellos, los ancianos, mujeres y niños ucranianos puedan abandonar penosamente las zonas urbanas que sufren bombardeos indiscriminados por parte de las fuerzas invasoras rusas.

Pero cínicamente definen a los “corredores humanitarios” como caminos que, al final, grotescamente conducen a todos quienes, esperanzados, los utilizan hasta territorios rusos. A sus campos de concentración, entonces, donde quedarán detenidos como rehenes de una potencia belicista, de conducta salvaje, nada confiable.

Y, peor aún, los bombardean sin piedad alguna mientras transitan, equivocadamente confiados, esos presuntos “corredores humanitarios”. La magnitud y la perversidad rusa son manifiestas. Indignan.

Pero Rusia no cambia de conducta, como si le estuviera permitido pasarle por encima los principios y normas básicas de la civilización. A la protección de los civiles inocentes, construida a lo largo de la historia y respetada por las naciones que actúan civilizadamente.

Que las diferencia de la Federación Rusa que claramente antepone las desorbitadas -y repulsivas- ambiciones de un absolutamente despótico Vladimir Putin nada menos que al derecho a la vida de todos los demás. De allí la creciente indignación universal por la alocada agresión rusa.

Por esto el corajudo presidente ucraniano, Volodymir Zelensky, con toda razón califica a las tropas rusas de “criminales de guerra”, en función de su conducta delictiva.

Para Rusia, la aventura criminal que ha iniciado contra Ucrania tendrá un costo material enorme. Y uno que además, en el plano de las reputaciones, tendrá impacto para siempre respecto del país, anulando la escasa confiabilidad que la Federación Rusa pudo, quizás, tener en algún momento.

Me asombra muy particularmente la lamentable actitud del canciller ruso, Sergei Lavrov, a quién creía conocer bien. Es hoy cómplice necesario de los crímenes de guerra cometidos.

Debió haber renunciado ya. No lo ha hecho. A su nivel, el miedo no justifica, para nada, su terrible actitud, que seguramente le pesará. Presumiblemente muy pronto.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas. Esta nota contiene una oración que se eleva en memoria de todos los civiles inocentes ucranianos que perdieron la vida como consecuencia de la agresión militar rusa.

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