En República Centroafricana, el embarazo y el parto siguen siendo una cuestión de vida o muerte para miles de mujeres. La precariedad del sistema sanitario, agravada por décadas de conflicto armado, la escasez de personal médico y la falta de infraestructuras convierten el nacimiento de un hijo en un proceso lleno de riesgos.
La República Centroafricana registra una de las tasas de mortalidad materna más elevadas del mundo, con alrededor de 829 fallecimientos por cada 100.000 nacidos vivos. A ello se suma una tasa de mortinatos de 32,3 por cada 1.000 nacimientos, muy por encima de la registrada en países como España. La mortalidad infantil también continúa siendo alarmante, con más de 92 muertes por cada 1.000 niños.
Las principales causas de esta realidad son múltiples y están estrechamente relacionadas. La falta de personal sanitario cualificado obliga a que un único médico atienda varias especialidades al mismo tiempo e incluso realice intervenciones quirúrgicas sin anestesista. En muchos hospitales, las matronas reciben formación práctica sobre la marcha para cubrir la escasez de profesionales. Las limitaciones materiales también afectan gravemente a la calidad de la atención. Muchas áreas de obstetricia cuentan con un número insuficiente de camas, equipos de monitorización, medicamentos esenciales y material para atender a recién nacidos con complicaciones. La escasez de espacio hace que mujeres con distintas patologías compartan habitación y que las altas hospitalarias se adelanten para liberar camas, aun cuando lo más adecuado sería mantenerlas bajo observación durante más tiempo.
El acceso a los centros sanitarios representa otro gran obstáculo. Numerosas mujeres viven a decenas de kilómetros del hospital más cercano y dependen de ambulancias escasas o de medios de transporte improvisados. En casos de urgencia obstétrica, retrasos de varias horas pueden resultar fatales, especialmente cuando aparecen complicaciones como hemorragias posparto o infecciones. A estos problemas se añaden enfermedades como la malaria, frecuentes durante el embarazo, así como la falta de controles prenatales. Aunque la Organización Mundial de la Salud recomienda un mínimo de ocho visitas durante la gestación, muchas mujeres solo acuden al centro sanitario dos o tres veces antes del parto debido a la distancia, las dificultades económicas o factores culturales.
Ante estas carencias, el trabajo de las organizaciones humanitarias resulta imprescindible. Entidades como UNICEF y otras organizaciones internacionales financian ambulancias, medicamentos, combustible, equipamiento médico y proyectos como las maternidades de espera, espacios donde las mujeres con embarazos de riesgo pueden permanecer antes del parto para evitar desplazamientos de última hora.
También desempeñan un papel fundamental las matronas tradicionales y comunitarias, que reciben formación para detectar embarazos complicados y derivar a las mujeres a centros sanitarios antes de que aparezcan emergencias. Esta colaboración entre las comunidades y los hospitales ha permitido reducir parte de la mortalidad materna en algunas zonas del país.
Sin embargo, el futuro continúa siendo incierto. Los recortes en la financiación internacional destinada a la cooperación sanitaria amenazan con frenar los avances logrados durante las últimas décadas. Diversas proyecciones advierten que una reducción significativa de la ayuda al desarrollo podría aumentar todavía más la mortalidad materna e infantil en uno de los sistemas sanitarios más frágiles del mundo. Garantizar el acceso a una atención obstétrica segura, reforzar la formación del personal sanitario y mejorar las infraestructuras siguen siendo algunos de los principales retos para que el nacimiento de un hijo deje de representar un riesgo extremo para miles de mujeres centroafricanas
es graduada en Antropología Social y Cultural y estudiante del Máster en Protección Internacional de los Derechos Humanos en la Universidad de Alcalá de Henares.
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