Política

Diez años sin Yitzhak Rabin

Editorial
En el día de ayer se cumplieron diez años desde que el primer ministro israelí Yitzhak Rabin fuese asesinado en una marcha por la paz en Tel Aviv por el ultraderechista Yigal Amir, supuestamente en protesta por el proceso de paz que lideraba.

Quienes más lo conocieron, lo describían como una paloma blanca y pura en la paz, pero un súper halcón en la guerra. A Rabin en Israel de hecho se le conocía ante todo como “Sr. Seguridad” y recién después como “Sr. Paz”. Otra visión más matizada destaca que fue un gran militar, de los más importantes sin duda que haya tenido Israel, pero que no dudó en hacer todo el esfuerzo necesario para lograr la paz y de las concesiones que eso le llevaría a aceptar.

El peso agobiante de esas aquiescencias hacia Arafat al amparo de la administración Clinton en 1993 sólo él podía saberlo. Rabin había combatido al enemigo de Israel desde su juventud; por lo tanto la ultraderecha no podía darle sermones sobre el proceso de paz y de su costo para Israel. Su semblante de aquel día, mezcla de miedo y sospecha, significaba la sensación de estrecharle la mano a quién era a sus ojos el símbolo de terrorismo y asesinato. Rabin había dicho en el pasado explícitamente que “este hombre tiene mucha sangre en las manos” y que no le gustaba Arafat, lo detestaba pero quería la paz y había pagar un precio por ella.

Yitzhak Rabin fue elegido presidente del Partido Laborista de Israel en sus primeras primarias nacionales (febrero de 1992) y condujo el partido a la victoria en las elecciones a la Kneset en 1992. En julio de ese año, Rabin formó el 25º gobierno de Israel, ocupando los cargos de Primer Ministro y Ministro de Defensa. Su período de gobierno estuvo marcado por sus logros en el proceso de paz, en los que se destacan la firma de la “Declaración de Principios Israelo-Palestina” de la que hacíamos mención arriba, en el prado de la Casa Blanca, la firma del “Tratado de Paz entre el Estado de Israel y el Reino Hashemita de Jordania” el 26 de octubre de 1994, en la frontera jordano-israelí y la suscripción el 28 de septiembre de 1995 del “Acuerdo Interino Israelo-Palestino en la Margen Occidental y la Franja de Gaza”. Rabin fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en diciembre de 1994, junto al canciller Shimón Peres y el Presidente de la O.L.P., Yasser Arafat.

La sociedad israelí siempre ha estado dividida entre el conservacionismo del Likud y el laborismo del Maharaj, que entre coaliciones y alianzas partidistas, se han administrado los poderes del Estado. Durante el gobierno de coalición de Rabin y Peres los ataques de las facciones más conservadoras, religiosas y ortodoxas del país se multiplicaron al ver venir el proceso de paz con Palestina. Protestas y pancartas que comparaban a Rabin con un Nazi eran los titulares del día: se creía que Rabin, al igual que Sharon, estaba regalando la tierra de Isreal. Mientras el gobierno buscaba la paz con sus vecinos, los problemas internos de Israel cada vez adquirían matices de mayor tensión.

En la actualidad Israel sigue estando tan dividida como en los tiempos de Rabin, tal como lo demostró la enorme resistencia que tuvo la desconexión de Gaza llevada a cabo por Ariel Sharon. Según un sonde del instituto “Dahaf” de opinión pública uno de cada cinco ciudadanos israelíes, o sea el 20%, estarían dispuestos a dar amnistía al asesino, Ygal Amir, lo cual habla del peso que tiene la ultraderecha en Israel.

“Toda mi vida aprendí de la Halaja (libro sagrado judío). Matar en la guerra es un acto permitido”, argumentó Amir mientras lo interrogaban, “actué solo y bajo las órdenes de Dios. No estoy arrepentido”, confesaba el joven abogado que había matado a Rabin. Detrás de su pausado relato se escondía el rostro del nacionalismo religioso y la intolerancia descontrolada. Aquello contra la que Rabin había luchado toda su vida.

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