Editorial
El sorpresivo aterrizaje del prófugo internacional Alberto Fujimori en Chile forma parte de una novela de intrigas que posee un interrogante mayúsculo: ¿por qué el ex presidente peruano con más de 20 causas judiciales sobre sus espaldas eligió Chile como destino para entregarse a la justicia?
La historia del regreso del “Chino” a la palestra política comienza en la página Web de Mainichi Day New [una públicación japonesa en inglés] donde se publicó el primer cable de prensa que deja intuir el regreso de Fujimori y en donde la legisladora peruana Martha Chávez, una aliada incondicional de Fujimori, dijo que el retorno de Fujimori ´está muy cerca´. Fujimori confiaba en poder hacer una pausa en Chile para “evaluar la situación en Perú” antes de entrar a su país, según dijo Akira Maki en el informativo “Evening five” de la cadena televisiva TBS (Tokyo Broadcasting Service).
En los círculos político peruanos adictos al ex presidente se hablaba de un regreso entre la última semana de diciembre y la primera de enero. Fujimori acababa de legalizar su firma en el consulado de Perú en Japón para la solicitud de inscripción ante el Jurado Nacional de Elecciones prevista para el 8 de enero, la fecha límite para inscribir listas al Congreso.
Cabe recordar que la obtención del pasaporte había sido fraudulenta. Con los mismos datos falsos que consignó para obtener el último 29 de junio el Documento Nacional de Identidad (DNI), Fujimori repitió la faena en el Consulado de Perú en la capital japonesa y se alzó con un pasaporte peruano. Los funcionarios de la dependencia diplomática le entregaron el documento al prófugo ex mandatario en menos de cuatro horas, no obstante que en julio pasado la Procuraduría Ad Hoc reportó al sistema judicial y a la Cancillería que Fujimori usaba una doble identidad: una en Japón y otra en Perú.
Fujimori pueda jactarse de ser un prófugo huidizo ya que a pesar de estar buscado por Interpol nadie lo detuvo en sus escalas en EEUU y México. De hecho, abandonó este fin de semana su exilio en Japón en un vuelo comercial de la compañía Delta Airlines que despegó del aeropuerto internacional de Narita de Tokio con destino a la ciudad de Atlanta (¿Estados Unidos le proporcionó una visa de tránsito sin objeciones?), donde abordó un vuelo privado para trasladarse hasta Tijuana (México) y desde allí continuar su viaje hasta Santiago de Chile en el mismo avión en donde gozó de diez horas de libertad hasta que Interpol se decidió a arrestarlo bajo pedido del Gobierno peruano.
El Ejecutivo peruano sustentó el requerimiento de arresto en el Tratado de Extradición con Chile de 1932, y recordó al vecino del sur que Fujimori es perseguido por los delitos de homicidio calificado, lesiones graves y desaparición forzada y por asociación ilícita para delinquir, peculado y falsedad ideológica (espionaje telefónico, desvío de fondos, manipulación de donaciones japonesa y otros. Ahora está entre rejas esperando ser juzgado por su país.
Alberto Fujimori hoy es una amenaza a la frágil estabilidad democrática de la región. Quienes lo defienden valoran su política económica y antiterrorista mientras que aquellos que lo defenestran culpan a su gobierno por haber estado pletórico de corrupción, espionaje, intimidación y violencia. Si es culpable de todos los cargos que se le endilgan el Gobierno peruano debe ser inflexible en demandar la entrega del prófugo para someterlo a la justicia, en las mismas condiciones bajo las que hoy responde su principal cómplice, Vladimiro Montesinos.
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