¿Cómo ha llegado ZP a ser un lastre tan pesado para los suyos?
Como el intruso debate nuclear me parece encendido, desenfocado, inútil, equívoco y confuso, me decanto por seguir hablando, especulando y opinando sobre Zapatero y sobre su futuro. Tiene menos recovecos y arrebatos que una imposible comparación con la crisis japonesa y me parece un dilema más doméstico y accesible.
La última novedad sobre el ir y venir de Zapatero por la cuerda electoral la aportan ahora aquellos que piensan que Zapatero debe presentarse a las elecciones, sí o sí, y cargar sin intermediarios con el saco de la cosecha de su propia siembra. No lo proponen con buena intención, deduzco, porque al margen de evitar el previsible o eventual descalabro de otro compañero de partido, la invocación se antoja muy poco optimista para los intereses del todavía Presidente.
¿Cómo ha llegado ZP a ser un lastre tan pesado para los suyos? ¿Qué ha pasado para que le nieguen y oculten en todas partes? Coincido con los que piensan que un error estratégico garrafal hizo que el PSOE se identificara de una forma absoluta con Zapatero cuando las cosas iban razonablemente bien. Siglas históricas y dirección renovada se diluyeron en favor de la única estampa posible, la del flamante Zapatero, referencia de todos y para todo, imagen triunfadora e indomable. Cuando se torció el rumbo de la historia y la crisis arrolló la mueca más pintada, resultó que no había marca política que resistiera la tromba ni liderazgo a prueba de un general descontento.
Que Zapatero se enfrente a su última responsabilidad como acto de inmolación merecido resulta un poco cruel. Comprendo que el PP responda con absoluta indiferencia ante la cuestión de quién será el candidato socialista. Puede dar lo mismo en términos absolutos, pero cobra un valor relativo saber si el zapaterismo se consumirá de una sola y definitiva vez.
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