Del PSOE sólo cabe esperar a partir de ahora una polémica estéril dentro de sus propias filas
Creo que es el mensaje más positivo y optimista que he escuchado tras las elecciones del pasado 22-M. Lo transmitió Juan Vicente Herrera, vencedor absoluto del Partido Popular en la comunidad de Castilla y León.
No es frecuente que en el fragor justificado de las celebraciones, en la euforia desatada por el éxito conseguido, en el arrebato legítimo de los candidatos triunfantes, alguien tome el micrófono y lance a la sociedad, no sólo a sus seguidores, una señal de esperanza y de convicción profunda sobre el futuro. Herrera dijo con énfasis, la misma noche electoral, que ante los graves problemas que sufren los ciudadanos “hay salida”. Su primera y urgente disposición política es trabajar para encontrarla. Pedía además a todos que se aplicaran con urgencia a este objetivo.
Contrasta este ejemplo de tacto y oportunidad con la vorágine de luchas internas en las que se ha enfrascado el PSOE desde aquella misma noche. El PP debe ponerse de inmediato a la tarea de invertir la crisis económica, de ofrecer confianza y de poner las condiciones adecuadas para que la actividad económica se reactive.
Del PSOE sólo cabe esperar a partir de ahora una polémica estéril dentro de sus propias filas; una catarsis, en el mejor de los casos, que sólo va a retrasar más todavía la recuperación. Al común de los españoles no les interesa quién será el próximo candidato socialista ni tampoco cómo se elige. Si algo ha quedado claro desde el 22-M es que los ciudadanos no quieren que el PSOE les siga conduciendo por el laberinto del paro y han optado por buscar otro camino hacia el bienestar. Afortunadamente, hay salida.
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