De perdidos, a Rubalcaba, piensan en el PSOE
He escuchado a unos paisanos llamar con sorna a Pérez Rubalcaba “puro cambio” y me ha hecho gracia la síntesis del personaje, por eso la adopto. Pues bien, “puro cambio” se va de ronda. Se (nos) podía ahorrar el periplo, pero no quiere hacerlo porque con el viaje llena los telediarios y produce noticias en los periódicos. El ahorro vendría dado porque no hay duda de la respuesta. En todas partes, unanimidad, defensa cerrada al alimón, piña colada y aclamación. De perdidos, a Rubalcaba, piensan en el PSOE. Están en todas partes como para ponerle pegas a un voluntario.
Se pasea por España como si fuera nuevo, para darse a conocer entre las bases y alturas partidas por dos, para hacerles confidencias a los fieles sobre la estrategia a seguir tras el colosal batacazo, para adelantarles a sus compañeros todo lo que España necesita, que él ya sabe perfectamente, aunque, el muy egoistón, no ha tenido a bien decírselo a Zapatero en tres años.
“Puro cambio” dice que no ha perdido nunca, a diferencia de otros adversarios. Es verdad, él ha sido candidato en cuatro circunscripciones electorales distintas y siempre ha obtenido el acta de diputado. Engatusa a unos, luego a otros y cuando se quieren dar cuenta de quién es ha volado al Congreso a Madrid y hasta la próxima. Lleva casi 20 años jugando al escondite con los electores. Enterró a Felipe González y puede que también haga lo propio con Zapatero –bien mirado a este ya lo quiso enterrar cuando votó a favor de Bono para dirigir al PSOE.
En la ronda territorial de “puro cambio” se ha empezado por lo peor para el PSOE en el sur del país que es Andalucía. Después, seguirá por lo peor para el PSOE en el norte que es Cantabria y Asturias y así sucesivamente. A “puro cambio” le da tiempo a todo. A ser el primer Vicepresidente del Gobierno, a ser el ministro del Interior, a ser el mirlo blanco socialista, a desvelar los arcanos de la solución a la crisis económica, a desanimar a otros aspirantes de su propio partido en las primarias, a no molestar a los acampados de la Puerta del Sol. Un fenómeno, oiga. Puro cambio, ya te digo.
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