Los signos que llegan desde La Habana en torno a la salud del presidente venezolano Hugo Chávez, aquejado de un cáncer, son analizados por los medios en clave de candidatos: si el canciller Nicolás Maduro finalmente toma las riendas del gobierno, el proyecto chavista seguirá adelante; si lo hace Diosdado Cabello, se atisban modificaciones de la idea original.
Sin embargo, la viabilidad del proceso bolivariano depende además –y fundamentalmente– de la variable económica. A simple vista parece sencillo: para garantizar los grandes programas sociales emprendidos por Chávez hace falta dinero, y eso, en el mayor productor petrolero de América, parece asignatura vencida.
Pero no lo es, ni lo ha sido históricamente.
El país, administrado durante décadas por gobiernos que dejaban mucho que desear en temas de transparencia y de política social, ha vivido etapas de gran bonanza gracias a los precios del crudo, sin que por eso la prosperidad se derramara sobre todos. Para muestra, el levantamiento popular de 1989 contra las duras medidas de ajuste dictadas por Carlos Andrés Pérez.
Chávez ha utilizado los fondos generados por el petróleo para impulsar sus programas sociales
Las “misiones” de Chávez
Chávez, en cambio, ha dado prioridad a las necesidades de la gente –los motivos, populistas o no, son otra cuestión–, y ha utilizado los fondos generados por el petróleo para impulsar sus “misiones”: las denominadas Barrio Adentro (salud pública), Milagro (atención oftalmológica), Yo sí puedo (alfabetización), Sucre (educación superior)…, que benefician a amplias capas de la población, y que han le han procurado, de vuelta, las consecutivas victorias en las urnas. De las 14 consultas en las urnas convocadas desde 1999, Chávez ha ganado todas menos una.
No faltan buenas noticias: según el Informe Macroeconómico 2011-2012 de la CEPAL, el desempleo ha seguido cayendo (del 8,8 al 8,2 por ciento), mientras los salarios han aumentado un 38,3 por ciento, (aunque habría que descontar una inflación del 27%). El Banco Central de Venezuela, por su parte, adelantó que el PIB se incrementó en un 5,5 por ciento durante 2012.
Sin embargo, para consolidar ese crecimiento, en el que se conjuga el auge de la construcción, unos precios muy favorables para el petróleo y la mano de China en forma de amistoso prestamista, se precisaría avanzar en sectores económicos que hoy van a media máquina, como el de la producción agrícola.
Alimentos: importación al alza
Un informe de la FAO, de diciembre de 2012, refiere que Caracas aumentó en un 38 por ciento sus importaciones de productos alimentarios en el segundo trimestre del año.
La tendencia no es extraña. El organismo internacional ha diagnosticado la agricultura local y ha observado factores como la alta incidencia de plagas, la ausencia de variedades mejoradas, la falta de maquinaria y fertilizantes, y problemas en la comercialización. Por su parte, el portal especializado venezolano Agronota sentencia: “El deterioro del aparato productivo interno, producto de políticas poco enfocadas en el crecimiento de la agricultura nacional, ha traído como consecuencia que el país se haya convertido en más dependiente de las importaciones de lo que era una década atrás”.
La fuente reconoce que Venezuela ha dependido tradicionalmente de la importación de aquellos insumos “que por razones climáticas o topográficas no se cultivan en el país, como el trigo”; sin embargo, subraya que aquellos que incluso llegaron a exportarse, hoy se compran en el exterior.
Ciertamente, en el país de los inmensos llanos inmortalizados por Rómulo Gallegos en Doña Bárbara, rubros como la leche en polvo, el azúcar, la carne de aves y bovinos, el arroz, el café y aun el maíz (imprescindible para elaborar un plato típico: la arepa), suenan extraños en una lista de importaciones. Pero ahí están.
Uno de los programas lanzados por el gobierno, la Misión AgroVenezuela, debía frenar esa tendencia e incentivar la producción nacional. En varias ocasiones, el presidente Chávez ha subrayado “la importancia de que el gobierno tenga el control de la alimentación del pueblo”.
La escasez de divisas ha limitado la capacidad de producción de la industria privada
Sin embargo, aunque la web de PDVAL –la productora y distribuidora erigida por el gobierno– aporta triunfantes noticias sobre la venta subsidiada de productos alimenticios a la población y sobre la lucha contra el acaparamiento, no se detiene a explicar con qué sólida estrategia se cuenta para garantizar la perdurabilidad del abastecimiento.
“Presidente, ya tengo casa”
Según quien lo mire, el vaso está medio vacío o medio lleno. Para el BCV, el crecimiento venezolano descansa también en grandes proyectos de infraestructura, en la inversión en obras de transporte (metros, trenes, autopistas), en el aporte del área de las manufacturas (que creció a una moderada tasa del 2,1 por ciento) y, desde luego, en la construcción.
Precisamente la edificación de casas como parte de la denominada Gran Misión Vivienda Venezuela, creció un 12,6 por ciento. Hasta 2011 estaba de capa caída, pero coincidiendo con la cercanía del período electoral de 2012, en que el presidente Chávez pugnaba por otro período en Miraflores, comenzó a repuntar.
El objetivo declarado es levantar tres millones de viviendas en los próximos cinco años, en curioso contraste con las 406.000 que se han construido desde 1999, según el diario El Universal, que cita datos gubernamentales.
Desde el sector empresarial privado, sin embargo, no ven razones para el optimismo. A mediados de 2012, la Cámara de la Construcción apuntaba que la edificación de viviendas se ubicaba un 30 por ciento por debajo de 2011 –no se cuentan aquí las erigidas por el programa chavista–, y que de mantenerse la escasez de materiales para 2013, la edificación de nuevas obras podría ser nula.
La escasez de divisas, según Fedecámaras, se extiende a otras áreas productivas. En junio, esa entidad se quejaba de que el sector industrial solo estaba recibiendo el 25 por ciento de los dólares que necesitaba, por lo que la mayoría de las plantas operaban a media máquina, y 170.000 empresas habían tenido que echar el cierre. En diciembre, la situación no había experimentado grandes cambios, y Jorge Botti, presidente de Fedecámaras, se lamentaba de que, por primera vez en la historia, y con precios petroleros tan holgados, existieran problemas tan severos en el suministro de divisas, que el gobierno debe garantizar.
Estos y otros ruidos en el sistema pueden estar viniendo del choque de dos modelos: a pesar de que el país continúa siendo una economía de mercado, el gobierno de Chávez, según sus palabras, pretende dinamizar el aparato productivo “bajo el nuevo Modelo de Producción Socialista, orientado a responder más a las necesidades humanas y menos a la reproducción del capital”.
Pero mientras el petróleo siga fluyendo, otras estrategias de desarrollo pueden esperar…
PDVSA: la postergada renovación tecnológica
Cuando en el verano pasado se produjo un incendio de grandes proporciones en una de las grandes refinerías venezolanas –la de Amuay, en el occidental estado Falcón–, los fallos del sistema de funcionamiento pasaron a ocupar el centro del interés de los analistas. Un líder sindical informó que el desastre se podía haber evitado si se hubiera atendido a la existencia de equipos dañados, de filtraciones, y a la necesidad de mantenimiento. Incluso el ministro de Energía, Rafael Ramírez, reconoció la falta de componentes fundamentales para mantener en buen estado la tecnología.
El objetivo de acopiar la mayor cantidad de fondos en el menor tiempo posible, ha hecho que la propia empresa Petróleos de Venezuela SA (PDVSA) se resienta. Según estimaciones de The Economist, a pesar de los altos ingresos derivados de su actividad, PDVSA acumula una deuda financiera de 40.000 millones de dólares (35.000 a finales de 2011).
Sucede que buena parte de las ganancias del petróleo van a parar al llamado FONDEN, un mecanismo creado por el gobierno para manejar grandes sumas a discreción, sea para utilizarlas en programas sociales internos o para financiar otros de colaboración en el marco de la Alianza Bolivariana para los pueblos de América (ALBA). Así, si en 2012 el país percibió 92.233 millones de dólares en concepto de exportaciones petroleras, solo la mitad de ese dinero fue depositado en el Banco Central. La otra quedó a disposición del Ejecutivo en fondos como el mencionado.
La llamada revolución bolivariana ha supuesto la reducción del sector privado, y el aumento de la burocracia y de las empresas públicas
Cada vez hay que importar más cosas
La economía de Venezuela es altamente dependiente del petróleo, que proporciona el 95% de los ingresos por exportación y cerca del 40% del presupuesto federal. Si la caída del precio del petróleo causó una contracción económica en 2009 y 2010, su alza en 2011 impulsó el crecimiento económico a un 4,2%.
Mientras tanto la inflación se ha disparado hasta un 27%, una de las más altas de la región y del mundo. El gobierno echa la culpa a los “especuladores”, y ha establecido el control de precios de distintos productos. Pero el resultado ha sido que los productos han desaparecido de las estanterías de los almacenes y alimentado el mercado negro a precios más altos.
Los empresarios se quejan de que los precios controlados oficiales no permiten obtener beneficio, con lo que la producción en la agricultura y en la industria ha ido a menos. El consumidor tiene que afrontar la escasez de productos alimenticios como aceite, azúcar, carne e incluso café, del que Venezuela era uno de los mayores exportadores. Más de las dos terceras partes de lo que se consume es importado. El sector manufacturero se queja de que debe competir con las importaciones masivas del Estado; también denuncia la falta de divisas para adquirir materias primas y los apagones eléctricos que obstaculizan la producción. Los cortes de energía revelan una falta de inversión en las instalaciones eléctricas en los últimos años.
Desde el punto de vista económico, la llamada revolución bolivariana ha supuesto la expansión del sector público y la reducción del privado. El paro ha bajado del 11,3% en 1998 al 8,2% en 2012, pero también gracias a que los empleados públicos han pasado de 1 millón a 2,5 millones. En ese mismo periodo, la nómina de Petróleos de Venezuela ha crecido de 32.000 trabajadores a 305.000, aunque hoy produce y exporta menos que hace 14 años. Lógicamente, los empleados incorporados al sector público tienen un interés muy claro en que Chávez siga en el poder.
El déficit presupuestario alcanzó el 14,7% del PIB en 2012, a pesar de los ingresos petrolíferos.
El gobierno hace hincapié en la reducción del índice de pobreza, que ha pasado del 49% al 27 % de la población en la era Chávez. Pero no es una excepción en el continente, pues Argentina lo redujo del 23% al 11%; Brasil del 38% al 25%; Chile del 22% al 11%.
Lo que no ha bajado, sino todo lo contrario, es el índice de inseguridad y violencia. Los atracos y los secuestros exprés son hechos corrientes. Según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, entidad universitaria independiente, el año pasado se produjeron 21.692 homicidios, lo que supone una tasa de 73 por 100.000 habitantes, superior a la de países con conflictos como Colombia (34) y México (23).
En conjunto, en la era Chávez el alza del precio del petróleo ha permitido ampliar mucho los subsidios y servicios sociales, pero no ha servido para modernizar la economía del país. El sector privado se ha reducido, y el sector público se ha ampliado, sin que esto haya supuesto una mejora de la eficiencia. El país es más dependiente que nunca de los ingresos del petróleo, lo cual comprometerá su futuro el día que caigan los precios. Aceprensa.