Política

A corto plazo, espectaculares; a largo plazo, preocupantes

Los números macroeconómicos en América Latina, según la CEPAL, no aseguran un crecimiento sostenido para este año.

editorial
Según el Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe
presentado el mes pasado por la CEPAL, el crecimiento económico de la región
sería de 5.5% en 2004, la mayor tasa desde 1980. Este crecimiento representa una
importante mejora respecto del registrado en 2003, 1.9%. Un hecho importante que
destaca el informe es que éste será un crecimiento generalizado ya que todos los
países, salvo Haití, tuvieron tasas de crecimiento positivas. Los mayores
crecimientos se presentaron en: Venezuela (18.0%), Uruguay (12.0%), Argentina
(8.2%), Ecuador (6.3%), Panamá (6.0%), Chile (5.8%) y Brasil (5.2%).

A
primera vista parecen ser datos para la euforia pero quien primero nos pide
controlar los ánimos es, precisamente, el secretario ejecutivo de la CEPAL, el
argentino José Luis Machinea, quien dijo que la cifra “guarda al mismo tiempo un
nivel de incertidumbre, ya que en gran medida obedeció a elementos coyunturales
como el auge de las exportaciones y los altos precios del petróleo.”

En efecto,
estos datos guardan más relación con un contexto internacional favorable que con
políticas económicas acertadas. En lo antedicho se advierte que la enorme
expansión de la economía venezolana se debe en parte a que el país se ha
beneficiado de los altos precios del petróleo, Argentina del “rebote” de la peor
crisis de su historia en 2001 y Uruguay, agro-exportador como su vecino, de la
demanda de commodities, especialmente de China.

Pero los números
macroeconómicos, como bien dice la CEPAL, no aseguran un crecimiento sostenido
y, de hecho, su previsión de crecimiento para este año en la región es menor que
la del 2004. Estaba escrito que, dada la aguda crisis atravesada a principios de
la década, estos países sufrirían un efecto “rebote”.

Este punto de
vista resulta esclarecedor en el caso argentino, en el cual el país venía de
sufrir una caída del PIB desde el 2002 del 20%. En función de estos criterios,
no hay que hacer maravillas para hacer que la economía se recupere
automáticamente. El gobierno de Eduardo Duhalde fue consciente de esto y realizó
una encomiable política fiscal en Argentina que regateó a la hiperinflación y
allanó el camino de la recuperación.

Por otra parte, se advierte la
ausencia de un milagro económico en la simple comparación entre la inversión
extranjera actual y la que la CEPAL registraba en 1997. “Un récord histórico de
50.000 millones de dólares alcanzaron los flujos de inversión extranjera directa
(IED) hacia América Latina y el Caribe durante 1997”, sentenciaba en esos días
otro informe cepalino.

La América Latina de hoy no se parece en nada a la de 1997 y
así lo muestra un ránking de competitividad de 104 países publicado por el Foro
Económico Mundial, basado en las opiniones de 8,700 empresarios de todo el
mundo, que figura a los países de América Latina –con la excepción de Chile–
casi al final de la lista. Los países de Asia, la ex Europa del Este y algunos
países de África, como Botswana, están muy por delante de México, Brasil o
Argentina.

Todas estas consideraciones indican que no por crecer un año
al 5% los países latinoamericanos habrán alcanzado el nirvana del desarrollo. La mayoría de los países latinoamericanos han crecido a una media de 0,7% en los últimos 60 años. Por ese motivo, sería mucho más loable plantearse objetivos más modestos e intentar crecer al menos un 2% todos los años. Ese es secreto de los países más prósperos.

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