Política

A diez años de la matanza de Srebenica, los responsables del genocidio no han sido apresados

La trágica matanza de Sbrenica sucedió en Bosnia, en el verano de 1995, en plena guerra. Las tropas serbias, con el temido general Ratko Mladic a la cabeza, asaltaron y tomaron el enclave musulmán de Sbrenica. La Unión Europea y la comunidad internacional no impidieron que en el corazón de Europa germinase un campo de concentración posterior al holocausto judío. En Sbrenica, el desarme de los musulmanes por parte de las Naciones Unidas propició el genocidio de la población civil musulmana.

Este mes se cumple el décimo aniversario de la avergonzante matanza de Srebenica


 


La trágica matanza de Srebenica sucedió en Bosnia, en el verano de 1995, en plena guerra. Las tropas serbias, con el temido general Ratko Mladic a la cabeza, asaltaron y tomaron el enclave musulmán de Srebenica. En cuanto entraron a la ciudad separaron a la población en dos: a las mujeres y a los niños los metieron en camiones militares y los deportaron a Tuzla, un territorio controlado por las fuerzas musulmanas. Con los hombres capturados, más de 5.000, fueron brutales: los torturaron, los asesinaron a sangre fría.


 


Supuestamente, este enclave esta protegido por cascos azules holandeses pero éstos no fueron más que privilegiados espectadores al ver cómo las tropas serbias llevaron a cabo una de las masacres más terribles de nuestros tiempos bajo la mirada impotente del mundo.


 


Apunten a la ONU


 


Luego de Srebenica, en las embajadas corría un chiste cargado de cinismo que decía que “si quieres asegurarte de que un pueblo sea exterminado sin duda alguna, sólo tienes que ponerlo bajo protección de la ONU y sus Cascos Azules”.


 


Pero también hay que hablar de la UE y de su enervante pasividad . La Política Exterior y de Seguridad Común (PESC), establecida en el Tratado de la Unión Europea en 1992, pretendía dar una dimensión internacional al proceso. Buscando superar un problema que Europa venía arrastrando desde 1918: la incapacidad para recuperar su protagonismo mundial y para ejecutar una política exterior autónoma y coherente.


 


Sin embargo, los tres grandes conflictos europeos de los noventa, Bosnia-Herzegovina, Kosovo y Chechenia, pusieron en evidencia las limitaciones de la Política Exterior y de Seguridad Común. El principio de igualdad soberana de los estados fue establecido por la Organización de Naciones Unidas y por la Sociedad de Naciones. A pesar de la clara existencia de dicho código, múltiples tratados de derechos humanos y de derecho humanitario suscritos por Yugoslavia, tales como la Convención de Genocidio, fueron violados dentro de la política de agresión de este país contra Bosnia-Herzegovina.


 


La Unión Europea y la comunidad no impidieron que en el corazón de Europa germinase un campo de concentración posterior al holocausto judío. En Sbrenica, el desarme de los musulmanes por parte de las Naciones Unidas propició el genocidio de la población civil musulmana.


 


Los campos de concentración, las torturas y violaciones en masa, y la limpieza étnica contra bosnio-musulmanes rememoran los crímenes que cometieron los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. De hecho, en el Caso Bosnia-Herzegovina vs. Yugoslavia (Serbia y Montenegro), 1993, el Tribunal Internacional de Justicia dictaminó que Yugoslavia había violado la Convención


de Genocidio de 1948. La evolución de la crisis yugoslava puso en evidencia la incapacidad de los países de la Unión Europea y de la PESC para poner en operación una política de resolución de conflictos en su propio continente.


 


En conclusión, Europa demostró su insuficiencia política y militar para solucionar los problemas y, con el paso del tiempo, el sólo devenir de los acontecimientos, hizo que el único que podía ejercer un protagonismo sólido así lo hiciese: los Estados Unidos. Aunque sus intereses vitales no estaban en riesgo, pudo intervenir porque no se le oponía ningún poder, tuvo que hacerlo por una cuestión de prestigio y para evitar que, en el futuro, situaciones semejantes escaparan de su control. Ayudó a Croacia y a los musulmanes de Bosnia, e hizo del régimen de Milosevic el blanco de sus actuaciones. El nuevo orden después de la Guerra Fría se iba perfilando, la potencia americana ejercía como cabeza de un imperio y, esa situación, se configura como un rasgo para el futuro.


 


Los genocidas que nunca aparecieron


 


Hace diez años, el general Ratko Mladic, el militar serbio que ordenó la matanza de Sbrenica y el líder político de los serbobosnios, Radovan Karadzic, desaparecieron de la faz de la tierra. Ahora, cuando este mes se cumple el décimo aniversario del crimen (11 de julio) donde perdieron la vida unas 8.000 personas, todas de origen musulmán, la comunidad internacional cree que llegó la hora para que Mladic y Karadzic comparezcan ante el Tribunal Internacional de La Haya.


 


“Tengo grandes esperanzas de que tendremos buenas noticias antes del 11 de julio en lo que concierne a Mladic y Karadzic”, confesó en Bruselas Javier Solana, al referirse a la posibilidad de que el general serbio y el líder político de los serbobosnios, Radovan Karadzic, sean capturados y llevados a La Haya.


 


Se sabe que uno de los genocidas, el sanguinario Mladic, vive en Serbia. Entretanto, la UE trabaja abriendo el camino para la adhesión de ese Estado en la esperanza de que el gobierno serbio “convenza” a Mladic para que “se presente” en la Haya. Al día de hoy, el parlamento serbio se ha negado a condenar la matanza.

Al parecer, las esperanzas de Javier Solana están basadas en hechos concretos. Por primera vez en una década, medios periodísticos de Belgrado han logrado denunciar que el famoso general gozó de la protección del Ejército serbio y, posiblemente, de las autoridades de Belgrado, mientras la Justicia internacional y las fuerzas militares internacionales rastreaban los montes de Bosnia.

El diario Clic y el semanario Nedeljni Telegraf revelaron esta semana que Mladic pudo vivir tranquilamente en su casa de Belgrado hasta el año 2002, que pasó largas temporadas en un cuartel militar en la capital serbia y que los servicios secretos de su país conocen con exactitud su actual paradero.

“Hasta 2002, el general Mladic se encontraba en la dirección que todos conocen en Banovo Brdo, en su casa”, dijo el jefe de los servicios de inteligencia del Ejército, general Svetko Kovac, al diario Blic. “A veces el Ejército le ofreció alojamiento en alguna de sus instalaciones”, añadió el oficial.

Nedeljni Telegraf es más preciso. El semanario denuncia que los servicios secretos conocen el paradero del famoso general y que está siendo vigilado las 24 horas del día. “Agentes de uno de los servicios secretos (existen cinco) se han acercado a la localidad donde se encuentra el general y sus guardaespaldas”, dijo el oficial, citado por el semanario.
 

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