Política

A propósito de la Sentencia

…aún no sabemos, a ciencia cierta, quien instigó a actuar en Madrid a los islamistas que han sido condenados, si es que alguien lo hizo o fue su iniciativa; ni desde dónde, o desde qué frentes, o por qué ese día, o quien lo financió y de dónde salió el dinero…

José Miguel Alvarado

Hasta donde se sabe de forma indubitada, un terrorismo “de tipo yihadista” causó el mayor atentado de la historia de España. El entrecomillado lo he recogido tal y como aparece en la sentencia dictada por la justicia española y lo demás es mío.
 
        Los causahabientes,  por tanto,  son los condenados y el origen del mismo: la idea. Porque “por lo que ahora interesa”  (dice el fallo)  los condenados
“mediante el uso de la violencia pretenden derrocar los regímenes democráticos y eliminar la cultura de tradición cristiano-occidental, sustituyéndolos por un Estado islámico bajo el imperio de la sharia o ley islámica en su interpretación más radical, extrema y minoritaria” (pag. 172 del capítulo de Hechos Probados de la sentencia sobre los procesados por los atentados del 11-M).
 


Y a partir de ahí, el pensamiento es libre y la opinión también, acerca de si esa idea y posterior acción asesina y mortal de unos cuántos fundamentalistas, que actuaron por libre o no  -en realidad no se sabe- es la única o toda la verdad que acabó con la vida de 191 personas, abortó el nacimiento de dos seres humanos y causo cerca de 1900 heridos de diversa consideración, tres días antes de que los españoles fueran a las urnas.
     


Las interpretaciones,  que los analistas de uno y otro signo ideológico, o del suyo propio -como es mi caso-  hacen  de una sentencia que puede ponerse la medalla de haber nacido con el estilo más claro y mejor construido en la historia de la jurisprudencia española, llevan camino de encerrar para siempre a la opinión pública en la burbuja de sus propios trabalenguas. 
  


No soy aficionado a los trabalenguas. No me gustan porque me hacen caer en la ofuscación morfológica. Por eso, me sonroja y avergüenza la agilidad y destreza con que los medios de comunicación se despedazan a golpe de palabra a cuenta de la sentencia,  en el mismo tono al que nos tienen acostumbrados los políticos.
    


Su actitud se aproxima al ejercicio impropio de una sana competencia y se aleja del saludable y democrático ejercicio del derecho a la información de los lectores, poniendo en evidencia algo más serio: una actitud de soberbia sin precedentes que lleva implícito, o así puede entenderse, el intento de arrogarse la capilaridad de una verdad única, sobre la que hasta resulta incorrecto hacer preguntas.
 


Para ser precisos: aún no sabemos, a ciencia cierta, quien instigó a actuar en Madrid a los islamistas que han sido condenados, si es que alguien lo hizo o fue su iniciativa;  ni desde dónde, o desde qué frentes, o por qué ese día, o quien lo financió y de dónde salió el dinero…   Se me antoja bastante razonable la idea de que si alguien actúa para derrocar a un gobierno quizá actúa en nombre de quien o quienes quieren imponer su gobierno. Eso,  por lo menos, es lo que se aprende de la historia de la humanidad.  
  


¿Conviene pasar página? Claramente, y con toda serenidad, opino que no. Por las víctimas y porque lo merece la sociedad española en su conjunto. Cuando la duda persiste hay que seguir hasta donde la verdad alcanza, o decir lisa y llanamente, cosa que no ha hecho la Justicia, esta, y sólo ésta,  es la única verdad posible.
 


 Salvo en dicho caso, e incluso en él,  merece respeto que lo que vale para unos, a otros les resulte insuficiente; ambas posturas caben dentro de la lógica y del comportamiento humano, que a menudo, como se está viendo, no es tan lógico. 
 


La Audiencia Nacional ha dictado sentencia. Pero el fallo no prohíbe que aquel que  quiera y pueda siga investigando, hablando o escribiendo, sí así lo considera necesario. Son muchas las razones que avalan una decisión como ésta: la libertad, la principal de todas las que pueden ser esgrimidas.

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