Política

La ofrenda de las Víctimas

La actividad antiterrorista que por razones de factibilidad despliega ahora el ejecutivo de José Luis Rodriguez Zapatero -o de oportunidad ante las elecciones generales del mes de marzo- confirma las razones de todos cuántos se opusieron al fracasado proceso de negociación política con ETA: el PP y las Asociaciones de Víctimas del Terrorismo, entre otros.

Jose Miguel Alvarado

Pero sobre todo, evidencia un hecho que ha planeado en España durante toda la legislatura socialista: la quiebra de un consenso político sobre lo que es justo e injusto; sobre el derecho y el arbitrio. 



Cuando en “Moral a Nicómaco” Aristóteles se pregunta si el hombre templado y prudente tiene que ver con
la persona que persiste en una razón cualquiera o aquella que obedece a la recta razón y, por extensión, establece las diferencias entre un hombre terco y un hombre pertinaz, lo hace para abrirse camino en el conocimiento de los principios teóricos y prácticos del bien y del mal de la política, aquellos que salvan o pierden a los Estados en general y a cada uno de ellos en particular.



Cuando en “Una Mirada a Europa” el todavía cardenal Josep Ratzinger dice  que “allí donde la justicia comienza a vacilar, vacila también la paz”, lo hace para explicar que el terrorismo es una forma de corrupción de la paz, cuya dimensión moral, la dignidad humana, no se puede olvidar.



Tan claro lo tiene el Papa católico que en un momento dado cita unos versos del poeta latino Juvenal: “Considera el mayor crimen preferir la propia supervivencia al honor/ y perder, por la vida, la razón de vivir”.



Por lo tanto, es justo reconocer la deuda de gratitud que la sociedad española tiene contraída con las víctimas del terrorismo de ETA.



 
Porque con sus vidas rotas, rasgadas y zarandeadas por la violencia, mantienen inquebrantable su compromiso con el bien común, con la paz, y la libertad, como han puesto de manifiesto en el IV Congreso Internacional  celebrado en Madrid.



Y, porque, al fin y al cabo, con su generosa ofrenda, entendida como servicio, lo único que las víctimas piden a sus gobernantes es que obren con justicia.
   

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