Política

Abu Mazen sale a escena

Aunque se confirme el triunfo del actual jefe de la OLP, hay que ser cautelosos antes de entusiasmarse con un próximo acuerdo de paz en el Medio Oriente.

editorial
Todo parecería indicar que el moderado y conciliador Abu Mazen es a estas horas
el nuevo presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Más allá de la
legitimidad de las urnas, los dos principales aliados con los que cuenta Mazen
son Estados Unidos y, sobre todo, Ariel Sharon, que estaría dispuesto a llegar a
un acuerdo con él si se confirma su triunfo.

El ajedrez político del
conflicto determina que Palestina estaría mejor con Mazen que sin él. Muerto
Arafat, las posibilidades de alcanzar la paz son muy grandes y el sueño de que
estos dos estados independientes convivan en paz es muy factible de realizar. La
muerte de Yasser Arafat, paradójicamente, significa hoy más que nunca el primer
paso para la creación de un Estado Palestino.

Por su parte, el primer
ministro israelí, Ariel Sharon, ha puesto su oferta sobre la mesa: la devolución
de parte de los territorios palestinos ocupados, unos 5.700 kilómetros que
conforman la Franja de Gaza. Este ofrecimiento no fue bien recibido en su
partido –le costó destituir a cinco ministros- y desde junio, el gobierno de
Sharon carece de mayoría parlamentaria luego del retiro de sus aliados de la
derecha, que se oponen a su plan de retirada. A la crisis en su propio partido
se le sumó un fuerte vendaval opositor provocado por miembros del partido Shinui
y otros líderes religiosos que consideran que ofrecer la retirada de Gaza más
que una concesión es un signo de debilidad que podría llevar a Hamas y a las
brigadas de Al Aqsa a cometer más atentados para que Israel se retire de
Cisjordania.

Por este último motivo, el principal obstáculo para Abu
Mazen no será el frágil gobierno de Sharon sino los radicales palestinos de
Hamas, a quienes tendrá que desarmar y neutralizar para que el acuerdo de paz no
se trunque. Hamas, partido que fue creado por la inteligencia israelí en 1987
para debilitar a Arafat pero que luego se les terminó volviendo en contra, tiene
una línea política dura y violenta y amenazó con boicotear las elecciones. La
peor noticia para Mazen es que la popularidad de Hamas ha crecido de manera
asombrosa en los últimos años.

Desde el inicio de la Intifada de Al
Aqsa, en septiembre del año 2000, han muerto 3.500 palestinos y más de 1.000
israelíes. Es todo un desafío para un “blando” como Mazen detener este baño de
sangre y violencia. Si el próximo presidente palestino no puede cumplir con esta
exigencia, es difícil que Sharon acepte reanudar las conversaciones de
paz.

De conciliar con los extremismos de sus propios bandos, los dos
líderes tendrán que decidir las soluciones que se decidan tomar para el problema
del Medio Oriente. En primer lugar, la ocupación de Israel de los territorios
palestinos donde Sharon ha ofrecido retirarse de Gaza; en segundo lugar la
soberanía de Jerusalén, ciudad en la que conviven en distintos barrios judíos,
cristianos y musulmanes, y por la cual disputan tanto israelíes como palestinos;
y por último, el regreso de los más de cuatro millones de refugiados palestinos
que se reparten entre Jordania, Siria y doce campamentos en el Líbano. Cabe
recordar que a los refugiados palestinos no se le reconocen derechos sociales y
viven en precarias condiciones. Ayer no pudieron participar en los comicios, y
eso fue tomado como una afrenta. No se sienten respresentados por Abu Mazen y
opondrán resistencia.

Hay motivo para otorgarle un voto de confianza al
nuevo líder palestino. En un encuentro que mantuvieron el año pasado, Abu Mazen
le dijo en tono conciliador a Ariel Sharon: “…primer ministro, déjeme
transmitirle un mensaje; cada día que pasa sin un acuerdo es una oportunidad
perdida, cada muerto, cada día de sufrimiento… Caminemos juntos para un futuro
que ambos merecemos”. De ser declarado presidente de Palestina, Mazen tiene la
oportunidad histórica de llevar ese deseo a cabo, aunque como hemos visto el
panorama actual del conflicto en Medio Oriente deja mucho espacio para el
escepticismo.

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