Como anticipo el Diario Exterior al cierre de su última edición, Carlos Mesa ha renunciado oficialmente como presidente de Bolivia.El gobernante justificó su salida al señalar que “Bolivia está acercándose a un punto en el que nadie está dispuesto a escuchar al otro y en el que unos pocos están imponiendo sus criterios sobre una gran mayoría”.
“Hasta aquí puedo llegar”, indicó Mesa tras analizar la situación en la que se encuentra el país
El presidente advirtió que seguirá a cargo del gobierno hasta que el Parlamento
le acepte la renuncia, en un intento por conjurar el peligro del vacío de poder,
un escenario oscuro y peligroso en un país que ha comenzado a dividirse y en el
que las divisiones sociales, étnicas y regionales se han traducido en
confrontaciones cotidianas y desesperanzadas hasta el punto en que el concepto
de “guerra civil” ya está incorporado al vocabulario popular.
En su
discurso, Mesa anunció que piensa seguir viviendo y trabajando en Bolivia.
“Estoy aquí y estaré aquí, no está en mis ideas viajar a Miami o viajar a
Washington”, afirmó, en una clara diferenciación de su antecesor, Gonzalo
Sánchez de Lozada, que debió huir de la casa de gobierno a escondidas y llevando
cien muertos en su espalda.
“Hasta aquí puedo llegar”, dijo Mesa,
visiblemente emocionado y con el claro perfil de comunicador social que marcó
toda su gestión, como residuo de su larga carrera como periodista político.
También aseguró a los ciudadanos que “podrán contar conmigo cuando lo
necesiten”.
“Quiero dar a los bolivianos mis disculpas si no he sido
capaz de conducir el país adecuadamente”, declaró Mesa, quien aseguró que
“Bolivia se acerca a un punto en el que nadie está dispuesto a escuchar al otro”
y “unos pocos son los que imponen sus ideas a la mayoría”.
El presidente
recordó que “el valor más importante en el que creo es la vida humana”, en una
clara referencia a que el punto en que se encuentra hoy la crisis en este país
podría desembocar en una espiral de violencia y muerte cuya responsabilidad él
no está dispuesto a asumir.
En su discurso, que duró unos 20 minutos,
Mesa elogió enfáticamente a las fuerzas de seguridad, habló de “mi policía”, y
de “mis Fuerzas Armadas”. Sobre esta institución, aseguró que era la que mejor
había comprendido el sentido de la democracia.
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