Política

África no necesita un Plan Marshall

Ayudar a África con un aluvión de dinero fresco es como premiar a un pésimo estudiante prestándole las llaves del coche para que salga de juerga.

Editorial
De visita en Sudáfrica, el titular de Finanzas inglés, Gordon Brown, señaló que propondrá al G-8 que se condone parte de la deuda del continente africano. El programa, ya conocido como “Plan Marshall” para África (recordando el plan creado por Estados Unidos en los años 40 para ayudar a Europa tras la II Guerra Mundial), fue anunciado durante una reunión de la Comisión Africana creada por el primer ministro inglés, Tony Blair. Este plan de ayuda intentará impulsar el desarrollo de África a través de la cancelación de la deuda externa, el fomento del comercio y la educación y la ayuda para luchar contra las enfermedades que asolan el continente, como el SIDA, la poliomielitis o la malaria.

Una de las iniciativas es aliviar la deuda de los países pobres que están fuertemente endeudados. El problema es que la mayor parte de las mismas son multilaterales y el Reino Unido podría ser un mero intermediario en la mesa de negociaciones con los principales acreedores, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, quienes no parecen, de momento, muy interesados en este tipo de soluciones. Hay que entender que no es un tema de “solidaridad” como pretenden las voces compasivas de Occidente, sino que se debe pensar en que, si a esos países se les perdonara la deuda, posiblemente nadie más les prestaría dinero en el futuro y seguirían siendo pobres eternamente.

El principal obstáculo de los países africanos se explica por su falta de desarrollo e integración a los mercados mundiales. Gordon Brown, quien aspira a suceder en el trono a Tony Blair, también propone doblar la ayuda y añadir 50.000 millones de dólares anuales extra al desarrollo a base de créditos provenientes de los mercados de bonos privados. Este idea, inspirada en el Plan Marshall, es la que ha generado mayor escepticismo. Como dice Jeffrey Tucker en la nota sobre los mitos del Plan Marshall que hoy publica Diario Exterior, la ayuda fue principalmente alimenticia y de gastos de capital para reconstruir infraestructura. El desarrollo europeo no se logró gracias al Plan Marshall sino colateralmente, debido al acento puesto en la estabilidad financiera y la confianza crediticia, junto con exigencias presupuestarias, reformas económicas y una obligada apertura comercial.

En vista de no cometer los mismo errores del pasado, los países endeudados y las almas caritativas de Europa no deberían razonar como si el dinero que se les reclama a los países africanos fuera una especie de impuesto, sanción o injusticia histórica. África recibió 400 billones de dólares a lo largo de cuarenta años, sin contar importantes ayudas y donaciones. A dónde ha ido a parar ese dinero es lo primero que debería preguntar el ministro inglés antes de proponer otro carnaval de beneficencia pagado, como siempre y no viene mal recordarlo, por los sacrificados bolsillos de los contribuyentes.

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