Política

Alcanzan cifra record las remesas de los argentinos en el exterior

Los argentinos en el exterior, que superan el millón, envían al país más de 590 millones de euros al año, vitales para miles de familias que viven allá. Las remesas desde los Estados Unidos y Europa se triplicaron desde el estallido de la crisis de 2001. El fenómeno comienza a tener incidencia en la economía.

Según publica el diario Clarín
Según un informe de la Dirección Nacional de Migraciones, al que tuvo acceso el
diario argentino Clarín, llegaron el último año al país 2.107 millones de pesos
desde Europa (590 millones de euros), Estados Unidos y otros países que
contratan argentinos. Es una suma que triplica la ayuda que los compatriotas
enviaban antes de la crisis de 2001.

Las estimaciones oficiales señalan
que, en promedio, cada argentino que vive fuera de su país manda unos 680
dólares al año, ocho veces más de lo que llegaba en 1980. Se calcula que viven
en el exterior 1.053.000 argentinos, el doble de los que había cuando volvió la
democracia, en 1983.

“En la Argentina no existía hasta ahora una cultura
de las remesas —explica el sociólogo Jorge Gurrieri, consultor de la
Organización Internacional de las Migraciones (OIM)—, pero hoy aparece como un
fenómeno que tiene que ver con diferencias salariales y que apareció con la
inversión de un proceso: los hijos que emigraron entre 1995 y 2000, bancados
desde acá por sus padres, tuvieron que empezar a mandar plata ellos, cuando
sucedió lo del corralito, se devaluó el peso y la crisis se extendió”.

El
especialista aclara que es muy difícil medir con precisión el volumen de dinero
que llega a familias argentinas desde el exterior, dado que, además de los
envíos bancarios, “se han tejido canales de amigos, circuitos informales para
trasladar la plata”. Con ello, evitan el cobro de costosas comisiones por parte
de bancos y compañías dedicadas a hacer las transferencias, que alcanzan hasta
el 20 por ciento del dinero que se envía.

Otra característica, desde la
visión de Guerrieri, es que “la emigración empieza a ser distinta a la que se
daba en los años 90, cuando los profesionales no encontraron lugar y se tuvieron
que ir; ahora ha comenzado a bajar la calificación de los que se van”. Además,
los países centrales, con poblaciones envejecidas, han diversificado y ampliado
sus demandas de mano de obra.

Para el economista Andrés Solimano, es
otro el matiz: “Si bien no todos los emigrantes son profesionales, hay que
señalar que siguen pesando los de clase media, con un nivel educativo
considerable, y que, en cambio, muchos inmigrantes a la Argentina parecen ser
más bien trabajadores del campo o la ciudad, personas con menor calificación
relativa provenientes de Bolivia, Paraguay y el sur de Chile. Esto también hace
que el nivel de remesas sea más alto para el emigrante argentino”.

En la
Argentina hay cerca de un millón y medio de extranjeros, que envían a sus países
de origen, en promedio, 3,6 dólares anuales. La cifra se redujo cuando murió la
paridad entre el peso argentino y el dólar, a comienzos de 2002. Además, hay que
tener en cuenta que cerca de 500 mil conforman una población envejecida de
italianos y españoles y que muchos de ellos han comenzado a retornar a sus
países de origen.

En un informe publicado por la Comisión Económica para
América Latina y el Caribe (CEPAL), Solimano calificó de “explosivo” el
crecimiento de las remesas que llegan a América latina. En diálogo con Clarín,
el economista explicó que el tipo de cambio (un dólar de tres pesos y un euro de
casi cuatro pesos) es decisivo en esta nueva conducta de los compatriotas. “Los
que ganan en euros, incluso, al convertirlos en dólares y enviarlos como remesa
a la Argentina, los hacen valer más en dólares, por la alta tasa de cambio
euro-dólar”, señaló.

En su análisis, las remesas “cumplen varias
funciones económico-sociales: aumentan el ingreso total disponible del receptor,
forman una red implícita de protección social para familias de ingresos medios o
bajos, apoyan el consumo, contribuyen al ahorro y la inversión en capital físico
y humano (vivienda, gastos en educación) y hasta cubren deudas”.

“El
problema es que se dé lugar a una cultura de dependencia de las remesas, que
desincentive el ahorro o el trabajo. No es claro que eso se dé en la Argentina,
pero puede surgir en el futuro”, advirtió.

La emigración de argentinos a
otros países representa el 0,50 por ciento del total mundial, pero las remesas
que envían llega al 2 por ciento del monto global. Los 2.000 millones de pesos
que llegan al país se acercan, por ejemplo, al presupuesto anual del PAMI, la
seguridad social de la tercera edad, de 2.400 millones de pesos. No obstante, la
participación de las remesas en el Producto Bruto Interno aún es baja, ya que
está en el orden del 0,5 por ciento.

Es una situación bien distinta a la
de países como México, donde los giros que envían sus ciudadanos,
fundamentalmente desde los Estados Unidos, equivalen a la producción petrolera
del país. Otro ejemplo de alta incidencia de las remesas se da en Colombia,
donde la plata que llega de la diáspora representa la mitad de los ingresos por
la exportación del café.

Es clave analizar el contexto regional, porque
América latina y el Caribe es la región que presentó el mayor dinamismo a nivel
mundial en la recepción de remesas: entre 1995 y 2002, treparon de 11,7 mil
millones de dólares a 24,4 mil millones, destaca un estudio elaborado por el
mexicano Fernando Lozano Ascencio para el Sistema Económico Latinoamericano
(SELA), una de las entidades dedicadas al estudio de las remesas.

La
Organización Internacional de las Migraciones, que tiene su sede central en
Ginebra, considera que las remesas de los migrantes constituyen un recurso clave
para el desarrollo, porque “permiten mantener importantes lazos sociales y
económicos entre el mundo desarrollado y aquel en desarrollo y contribuyen de
manera muy significativa en la erradicación de la pobreza”.

Los
especialistas subrayan que el dinero que se envía desde el exterior es una ayuda
particular, de la esfera privada, muchas veces superior a la ayuda oficial para
el desarrollo que destinan los países ricos.

Un cuadro elaborado por la
Dirección de Migraciones —con datos de la consultora McKinsey, la Organización
Internacional del Trabajo y el FMI— detecta otra de las explicaciones del
fenómeno de las remesas: según el rubro, hay trabajadores industriales de
Argentina que ganan 3,61 dólares por hora, mientras que los mismos trabajadores
cobrarían 21,3 dólares en los Estados Unidos.

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