Uncategorized

Alemania necesita reformarse

El líder del Partido Demócrata Liberal, Guido Westerwelle, constituye una opción renovadora.

Editorial
En recientes declaraciones a la prensa española, el líder del Partido Demócrata Liberal alemán, Guido Westerwelle, encendió las luces de alarma sobre la situación económica de su país y sobre el impacto que ésta puede generar en el bienestar de la población. Impacto que se nota en varias regiones alemanas donde el desempleo y la ausencia de oportunidades marcan el signo de la condición social. Westerwelle señaló que el principal desafío del ganador de las elecciones de septiembre será reformular el sistema económico y reorganizar una estructura de seguridad social que inhibe el despegue productivo.

El candidato de centro derecha fue más allá en su análisis y atribuyó los males de la política alemana a la incapacidad del actual gobierno de producir una verdadera transformación que reduzca el porcentaje de participación del Estado en la actividad empresarial y otorgue mayor libertad a los actores privados. “En Alemania –señaló- debe haber más economía social de mercado y menos economía estatal. Hay demasiada burocracia y demasiado Estado en todo ello”. Westerwelle aspira a contribuir a la coalición que finalmente sitúe a Angela Merkel al frente del gobierno, estableciendo la supremacía de las opciones de centro. El político ve con buenos ojos el nombramiento de Paul Kirchhof como principal asesor de asuntos fiscales del grupo de Merkel. Westerwelle se mostró feliz de que Merkel haya seleccionado a un opositor al aumento de impuestos implementado por el gobierno central no hace mucho tiempo. “Lo que hace falta es menos impuestos, menos cargas y mayor inversión”, resaltó.

El discurso del líder liberal ofrece una bocanada de aire fresco a una campaña de por sí opacada por el escaso interés de la sociedad en los comicios, preocupada más por resolver el día a día y hacer frente a los continuos desafíos de la unificación. El costo de esta integración –no hay que engañarse- es sufragado por el trabajo de los alemanes que silenciosamente contribuyen al fisco nacional. La enorme responsabilidad del gobierno es administrar cautamente estos fondos y aliviar el peso fiscal sobre los trabajadores. En buena medida, lo que propone Westerwelle.

Nadie sabe a ciencia cierta lo que ocurrirá en las elecciones. Hasta el papa Benedicto XVI tuvo la precaución de reunirse con oficialitas y opositores con el fin de no quedar mal parado ante una eventual sorpresa electoral. La ventaja de Angela Merkel en las encuestas deberá verse en las urnas, y el apoyo que reciba del Partido Demócrata Liberal será decisivo. Lo positivo del caso es que, contrario a la tradición política maniquea, Westerwelle reconoce las virtudes exhibidas por el grupo de Merkel. Un paso necesario para establecer una alianza de gobierno consistente.

La solidez discursiva de Schroeder y su experiencia como jefe de Estado –junto a su larga militancia- son sus cartas fundamentales en la contienda. Pero tal vez no suficientes para contrarrestar el ánimo reformista que con mayor consenso se está gestando en la sociedad alemana. Tanto Merkel como Westerwelle constituyen los más claros exponentes de esta opción renovadora que muy posiblemente gobierne el mencionado país durante los próximos años.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú