Que nadie sepa su sacrificio, que nadie calle su verdad, que nadie se quede atrás.
Abran paso al vendaval de aire fresco, torbellino juvenil, huracán popular sin cambalaches. Alfredo y cierra España. Puro cambio. Mirlo blanco. ¡Como Alfredo, no hay ninguno! Busque, compare y si encuentra algo mejor vótelo. Alfredo, ese hombre. Ni Di Stéfano, ni Kraus, ni Hitchcock, ni Landa, Pérez Rubalcaba, rá, rá, rá. Templanza, sabiduría, mesura, hervor justo, estilo propio. Con lo que hay que tener.
Que nadie sepa su sacrificio, que nadie calle su verdad, que nadie se quede atrás. Diez y siete mil chacones hay registrados en España. A un lado, por favor, despejen el camino. Todo a rojo, impar y pasa. ¡Jóvenes, éramos tan jóvenes! ¿Catarsis?, se oye decir. La catarsis soy yo. El recambio original, el candidato fantástico. Tejidos y novedades en el piso de arriba. Renovarse o morir.
Las jugadas maestras en la vida están contadas. En política hay tranvías que sólo pasan una vez por delante. Nervios de acero. Refrigerio. Purga higiénica, purga Benito. Por el interés general hacia Dios. ¡A la bin, a la ban, a la bin, bon, ban, Alfredo, Alfredo y nadie más! Levántate y anda, le dice al PSOE y el PSOE anduvo. Tieso como una vela. Porque no hay más cera que la que arde.
Pasmados por la agilidad, el consenso y la novedad de la mudanza. Sin romper un plato. Servicio público, eficacia acrisolada, Sagacidad siniestra, sí, pero ¿de qué se trata? La madre de todas las batallas. ¿Quién dijo miedo? Todos.
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