Política

Alianza de civilizaciones

EDITORIAL
En septiembre de este año, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, propuso en la Asamblea General de la ONU, la creación de una “alianza de civilizaciones” entre occidente y el mundo árabe y musulmán para combatir el terrorismo internacional por otra vía que no sea la militar.

La UE, ocupada en asuntos más importantes, recibió la idea con indiferencia. Entonces, Zapatero apostó por la XIV Cumbre Iberoamericana para contar con el apoyo de sus asistentes pero la jugada salió fatal: sucedió que no acudió “ni el Tato”, como dijo burlonamente el líder de la oposición, Mariano Rajoy y fue cierto: ni quienes se jactan de ser sus amigos –Lula, Chávez, Castro, Toledo- viajaron a Costa Rica para saludarlo.

Lejos de darse por vencido, Zapatero envió la semana pasada a un desgastado Moratinos de gira por Oriente Medio para predicar el diálogo y la reconciliación, al tiempo que insistió en esa improbable “alianza de civilizaciones” que ningún mandatario árabe por respeto se animó a reprobar.

Y es que el mundo ya no entiende de “alianzas”: eso formaba parte del vocabulario de las relaciones internacionales del siglo XIX. Hoy al terrorismo fundamentalista islámico se lo investiga y se lo combate, no se lo masajea con aceite e incienso ni se lo intenta convencer a base de palabras bienintencionadas.

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