Begoña Casas Sierra- jurista, analista de Oriente Medio y doctoranda en Paz y Seguridad Internacional por el Instituto General Gutiérrez Mellado /UNED- analiza para Diario Exterior las claves de la problemática situación de Afganistán y su conflictiva relación con los países vecinos, con la cuestión de la insurgencia talibán como telón de fondo
Afganistán acusó a Pakistán de intentar asesinar a su presidente, Hamid Karzai
El Internacional Herald Tribune publicó, esta semana, las acusaciones vertidas por el gobierno afgano contra Pakistán, por haber participado presumiblemente, algunos miembros de los servicios de inteligencia paquistaníes (“ISI” o “Pakistan´s Inter-Service Intelligence”) en el atentado contra el Presidente afgano Hamid Karzai, el pasado 27 de abril, cuando se celebraba un desfile militar conmemorativo en Kabul.
Los hechos se basan en los interrogatorios formulados a 16 sospechosos, así como al análisis de documentación descubierta y las investigaciones sobre diversos teléfonos móviles, en el marco de la investigación del atentado, por parte de las autoridades afganas.
Así, de las tres de las personas involucradas en el atentado, al parecer, una de ellas, llamada Homayoun, posee vínculos con un grupo muyahiddin denominado “Saladdin Haqqani“, relacionado con Al Qaeda. Este grupo, activo desde los años 80, actúa desde las áreas tribales en la frontera entre Pakistán y Afganistán, desde donde lanza sus operaciones.
La acusación formulada por el gobierno afgano es sumamente grave y viene a sumarse a las tensiones vividas entre dos países en los últimos años, principalmente tras el 11-S y el lanzamiento de la “Guerra Global contra el Terrorismo” por parte de la Administración norteamericana. Tras la intervención en Afganistán en 2001, con el fin de acabar con el régimen talibán y el santuario de Al Qaeda en el país, las relaciones entre ambos Estados se han complicado enormemente, comprometiendo no sólo la estabilidad de sus propios sistemas políticos, sino también la estabilidad regional.
Paquistán limita con los siguientes países: Tayikistán, Turkmenistán y China al Norte; India al Este; Afganistán al Oeste. Al Sur limita con el Mar de Arabia. Esta ubicación geográfica explica muchos de los acontecimientos de la región, principalmente las tensiones existentes con Afganistán.
Una de las áreas más conflictivas del país es la región del Noroeste, en particular, el arco de las áreas tribales paquistaníes que se ubica en una especie de media luna que se extiende a lo largo de la frontera con Afganistán. Estas regiones – 6 en total -: Mohmad, Jyber; Orazki, Kurram, Waziristán Norte y Waziristán Sur; son las llamadas “FATA” o “Federal Administrated Tribal Areas” en sus siglas en inglés. Esta región es una de las que más preocupa a toda la comunidad internacional, por ser una región que se sustrae a la influencia del Estado paquistaní, siendo cuna de movimientos islamistas y de tensiones, como las acaecidas en julio de 2007 en la Mezquita Roja de Islamabad 2.
Así, la mayor parte de los participantes en la toma de la mequita, procedían de las regiones tribales de Pakistán. Esta región además, es conocida por haber albergado a los talibanes, y se sospecha que posee vínculos con Al Qaeda, pudiendo encontrarse en la misma, sus líderes que huyeron de Afganistán tras el ataque de 2001: Osama Bin Laden (en caso de seguir con vida) y Aymann Al Zawahiri, entre otros.
En estas regiones habitan unos 3.000.000 de personas, que gozan de un régimen de administración de tipo federal (FATA). Su superficie alcanza los 27.220 Km2, constituyendo el 25% del territorio paquistaní. En ellas, hay 60 tribus, 400 clanes en 180 puntos fronterizos. Los pashtunes son cerca de la mitad de la población afgana y un 20% de la población paquistaní.
El poder de los grupos tribales es extenso, abarcando áreas tan variadas como la sociedad, la economía, la política e incluso algunos aspectos defensivos. En esta zona, los datos de pobreza superan el 60%, el analfabetismo, el 97% entre las mujeres y el 70,5% entre los hombres; y el paro se eleve al 80%. El sistema de gobierno de estas regiones se basa en las costumbres y tradiciones tribales.
Todos los elementos antes citados pueden explicar por qué esta zona es cuna del islamismo y de muyahiddines: la pobreza y la marginación socio-política han constituido un caldo de cultivo para la captación de numerosos seguidores por parte grupos islamistas que operan en la región. Desde las mismas, se proyecta inestabilidad tanto a Pakistán, como Afganistán, así como al resto de la región. Lo intrincado de su geografía, y los datos anteriores, explican la dificultad de controlar esta región, que no lograron los ingleses, ni por los rusos, ni tampoco totalmente por el Estado paquistaní en la actualidad.
Estas ubicaciones se integran en la llamada “Provincia Nororiental” o “NWFP” (“North-Western Frontier Province”), en sus siglas en inglés. El movimiento pashtún, dominante en la zona, al principio partidario de la “modernización y de la laicidad, con vínculos asociados a las monarquías de la zona, a los líderes tribales e intelectuales, fue derivando hacia la influencia islamista”. Allí se establecieron los islamistas en torno a los años 70-80 del S.XX, en el contexto de la lucha contra la invasión soviética de 1979.
Debido a esta amenaza, Pakistán se alineó con los EEUU para frenar el avance soviético en la zona. Tras el 11-S, al haber virado Afganistán hacia la órbita de EEUU, las regiones tribales han servido de plataforma a acciones de los muyahiddines en la región, dirigidas tanto contra Afganistán, como contra Pakistán.
Por ello, las acusaciones lanzadas por el gobierno afgano contra los servicios de inteligencia paquistaníes, si bien son muy graves, podrían tener una explicación lógica si se tratara de un ataque lanzado desde las áreas tribales, ya que la resistencia muyahiddin no desea que Afganistán se modernice y democratice, ni tampoco Pakistán, ya que al estar rodeadas por tales regímenes su liderazgo y su régimen político podrían verse amenazados.
De acuerdo con un Informe emitido por el “Internacional Crisis Group ICC“, la pacificación de estas regiones es el “centro de la cuestión”, ya que una vez se logre controlar al islamismo en las zonas tribales, se garantizará mucho mejor la seguridad, tanto de Pakistán, de Afganistán, como de la región en su conjunto.
Baste señalar a modo de conclusión, que la propia ISAF (“Internacional Security Asístanse Force“) o misión de la OTAN en Afganistán, ha denunciado en numerosas ocasiones los ataques lanzados desde las áreas tribales, que hacen peligrar su misión.
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