Las soluciones incrementan el grado de conflictividad. Frente al índice de desempleo no ha habido una propuesta concreta.
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Miércoles, 11 de marzo 2026
Las soluciones incrementan el grado de conflictividad. Frente al índice de desempleo no ha habido una propuesta concreta.
Por Gabriela Pousa
Una de las cuestiones esenciales a la hora de analizar el escenario político consiste en observar qué es lo que los grandes medios ofrecen como “actualidad nacional” y qué sucede con la gente, más allá de cámaras, titulares y portadas. Luego se verá hasta qué punto coincide todo aquello. Cuando no hay tal correlato, cuando lo que se ofrece como “realidad” dista de ser lo que desvela al ciudadano algo está fallando. De allí que, por más “tranquilidad” que se pretenda instaurar como escenografía, por más énfasis en la gestión que “comenzara” una semana atrás -pese a que la asunción presidencial data de mayo de 2003-, la realidad se hará notar sin que se deforme su fisonomía particular.
Si bien, el asombro es una de las facultades que los argentinos hemos ido perdiendo resulta asombroso, la capacidad de la dirigencia para “justificar” lo injustificable y más… De se modo, el INDEC – que no es sino un organismo oficial – saca a relucir un índice de desempleo del 14,8% al mismo tiempo que el presidente declama una disminución en la tasa de desocupación y un crecimiento sin amesetamiento de la economía nacional. Sí las matemáticas que enseñaban en el colegio años atrás (cuando la educación escolar atendía a las ciencias exactas, sociales, naturales y no a la vida privada ni a la formación personal inherente a la familia más que a políticas de turno o a la “modernidad”), siguen vigentes, la contradicción es muy grosera.
Veamos… Si durante el primer trimestre del año, el índice de desempleo era del 14,4% la tendencia es alcista. Son casi 2,53 millones las personas sin empleo, unas 110.000 más que a comienzos de año aunque el mismísimo jefe de Estado pretenda lo contrario.
Lo que la “gestión” anunciada está dejando en claro es la displicencia de la oratoria presidencial. La aseveración que hiciera Néstor Kirchner no parece oportuna a menos que, la sociedad, pueda satisfacer sus necesidades vitales a través de la demagogia populista. Desde el gobierno sostienen que en el último año, se han creado unos 740.000 puestos de trabajo. Ahora bien, casualmente -en el mismo período-, se ha producido un incremento similar en la cantidad de planes asistenciales. Téngase en cuenta que, beneficiarios de aquellos y cartoneros, son considerados mano de obra ocupada…
Lo que ocurre con el desempleo es sólo un ejemplo de cómo se afianza la metodología de la polémica fútil y efímera en detrimento de la verdadera acción de gobierno. Se juega con fuego: cada solución acarrea un problema nuevo. Por eso:
– Las versiones sobre una rebaja del IVA hicieron subir los precios… Lo que debiera reducirse es la ambición del gobierno por concentrar recursos y hacer un despilfarro de gasto público.
– La ignorancia en materia de salud y sanidad se transforma en “epidemia” de embarazos adolescentes… ¿? Y acarrea la polémica absurda acerca de la educación sexual como si el sexo pudiese -o debiese- ser “educado” por la dirigencia de turno…
– La necesidad de vivir en paz deriva en un Código Contravernsional que se asemeja a una declaración de guerra.
– Las facultades especiales para el jefe de Gabinete descubre la necesidad de aumentar la caja que ha de saldar el costo de voluntades a la hora de sufragar. Amén de ello, cuando un gobierno busca poder es porque no lo tiene. ¿Será la sombra de Duhalde otra vez?
– La concentración de poder y la necedad crean fantasmas y se tornó indispensable cambiar la figura que dirige el Banco Central. Poco serio que una opinión disidente en lo económico convoque la acción presidencial. Por otra parte, ¿qué hará Kirchner si advierte ambiciones políticas en Martín Redrado? No hay legitimidad institucional si por institucionalidad se entiende el reemplazo de funcionarios por amistades presidenciales.
– El juez Galeano con su renuncia despertó en el Ejecutivo la intriga por saber cuánto vale su mudez. La búsqueda por establecer bandos “enemigos” y “aliados” pasó a ser más importante que el atentado de la AMIA en sí mismo.
– La proclama de Obras Públicas como única alternativa para generar un crecimiento sustentable no admite la prueba de la memoria. La historia nacional se manifiesta poco favorable al Estado patronal.
– La crisis energética abrió paso a la farsa del gas. Tanto ruido en torno a ENARSA y el 90% de los ciudadanos sin noción siquiera de qué significa la sigla… Quizá sea el mismo gobierno quién no quiere que se sepa… Huele mal.
– La inseguridad reavivó el absurdo sobre prevención y represión como si fuesen sinónimos. Ayer se perdía tiempo debatiendo si los agentes deben o no portar armas. Hoy el tiempo se va en cuán alta es la predisposición de las fuerzas, sin contemplar que la disposición no atañe sólo a quién ejecuta sino al que manda ejecutar… Si hay “gatillo fácil”, si faltan “atributos”, si es inoperante como dice el mismo gobierno, ¿a quién acudir en un caso de necesidad?
– La política social que tolera el corte de calles (no así la Constitución Nacional) derivó en el caos vehicular. Hoy se estudia como limitar la circulación de vehículos en la ciudad no cómo mejorar la ciudad para que puedan circular los autos. Extraño.
– La disputa De Vido-Lavagna: El disenso en un gabinete podría ser alentador para enriquecer ideas. Pero claro, en este caso, no se trata de principios sino de intereses y no hay convicciones sino estrategias. Es el “negocio” de las diferencias…
Seguimos inmersos en retóricas inconducentes. Las soluciones incrementan el grado de conflictividad. Frente al índice de desempleo no ha habido una propuesta concreta. No la hay tampoco a la hora de analizar el financiamiento de obras públicas. La “gestión” sigue limitada a un intercambio verbal característico de una sobremesa, razón por la cuál: 1) La dependencia del Banco Central se “blanquea” con un reemplazo de la cúpula; 2) la inseguridad pone en la mira a la policía y no a la delincuencia; 3) el terrorismo y la complicidad quedan resumidos en la conducta de un miembro del poder judicial; 4) y el caos municipal se reduce al campo automotor…
Así, quedamos varados en lo superficial. Afuera todo es maquillaje. El “fondo” todo oscuridad. La dirigencia política se sigue rigiendo por un calendario diferente al de la sociedad para la cuál, las elecciones del 2005, comienzan a ser una encrucijada más que una oportunidad. Si los contralores no surgen, sí el director es a su vez el libretista y el escenógrafo, estemos seguros que tras la apertura de telón veremos el mismo show. El pueblo es el trapecista…
Mientras, el presidente emprende una nueva gira. Cabe esperar pues, un regreso donde se nos enumere los “éxitos” conquistados como sucediera cuando visitó China. Estamos frente a una semana donde todo es posible: desde la adjudicación de superpoderes a un ministro hasta la consagración de la impunidad. Será cuestión de avisarle a Luis D´Elía por si acaso desea usurpar otra comisaría…
GABRIELA POUSA
(*) Analista Política. Lic. en Comunicación Social (Universidad del Salvador) Master en Economía y Cs. Políticas (ESEADE) Sociología del Poder (Oxford) Queda prohibida su reproducción total o parcial sin mención de la fuente.
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