Política

Argentina: entre el hábito y la desidia

Sumidos en arquetipos sin ver más allá de lo que se publica, atravesamos por ejemplo, la disputa con Rodrigo Rato, sin penas ni glorias como pasara antes con Köhler o Anne Krueguer.

Análisis de la semana política
“Si no se detenía el mal los hombres acabarían por morir y pudrirse en las calles y la ciudad vería en las plazas públicas a los agonizantes agarrándose a los vivos con una mezcla de odio y de estúpida esperanza. Este es el género que evidencia en los ciudadanos el sentimiento de destierro y separación. El cronista no podrá narrar aquí nada espectacular. Y es que nada es menos espectacular que la peste.

Como sucede con las grandes desgracias, es monótona. En el recuerdo de los que han vivido, esos días no aparecerán como hogueras cruentas sino más bien como un ininterrumpido pisoteo que aplasta todo a su paso (…) La peste era ante todo una administración impecable de la desidia” Albert Camus (La Peste) La epidemia es un hecho. El hábito de la resignación es una enfermedad, el más concreto síntoma de la desidia y no hay miras de una vacuna capaz de prevenirla.

Es la peste argentina. No es fácil definir el escenario donde nos toca actuar: demasiada fantasía y un realismo que, de tan cierto, parece mentira.

– No tenemos a Chechenia provocando atrocidades injustificables
– No tenemos las Torres Gemelas caídas ni la espada de Damocles que cayera tras ellas
– No tenemos al huracán Frances destruyendo nuestros hogares
– No tenemos la Franja de Gaza – No tenemos la diversidad de etnias que jaquea a Oriente
– No tenemos kamikazes
– No tenemos las huellas de dos guerras mundiales
– No tenemos las aguas que permitieran el desembarco en Normandía…

Y sin embargo, no tenemos tampoco un país medianamente razonable. Sin duda, no hay paraísos terrenales. Pero podría contemplarse la posibilidad de gestar una geografía donde vivir no sea únicamente un sinónimo de respirar o una causalidad azarosa en el transcurso de los días.

No se trata tampoco de pedir demencialmente lo que no es dable que aparezca en lo inmediato, pero sí es menester que se actúe en consecuencia. Posiblemente, y más allá de los vaivenes con el Fondo Monetario o las medidas de lucha piquetera, el problema más acuciante para la Argentina sea la pérdida de tiempo.

El habituarnos…

Los argentinos nos movemos como si fuésemos eternos pese a la velocidad. Siempre estamos transitando el camino de la “crisis más grave de la historia” sin historia…en una página atemporal. No hay continuidad de la memoria de allí que no podamos formar una cadena, una constante, constituir un todo. Argentina muere por partes…

Todo termina antes de empezar siquiera. Estamos diezmados y limitados a ser eslabones sueltos incapaces de formar una sola pieza, una unidad.

De Juan Carlos Blumberg pasamos a la Corte Suprema y de ésta a la AMIA. Velocidades inusitadas que no admiten evaluar si ha habido soluciones o se han gestionado sólo quimeras y prebendas.

En este aspecto, cabe decir que, en menos de 48 horas, la ciudadanía viajó al mes de marzo de 2004, retrocedió luego hasta 1943 -cuando comenzaran los manoseos dentro del máximo Tribunal-, y regresó a 1994 cuando “nadie” volaba la AMIA… Mañana podemos estar en el 1800 o el 3004 sin que eso defina siquiera un calendario rudimentario capaz de guiarnos.

Del pasado, no tomamos la generación del 80´ como modelo sino el revival de los 70´ que nos deja varados en el centro de la ciudad al intentar importar el agotado régimen de la Unión Soviética marxista…. Parece que es difícil entenderlo pero fácil habituarnos.

En este contexto, el desconcierto aumenta desproporcionadamente alterando el mercado y la mercadería. Las fechas de vencimientos son inciertas. Vivimos jugando al gallito ciego, sin advertir lo que estamos haciendo. Si acaso mañana se nos dijera que estamos muertos, podríamos no inmutarnos y seguir con lo nuestro.

Ahora bien, ¿qué es “lo nuestro”? No, no se trata de la marca país. Tampoco de la rutina de lo cotidiano. Se trata de la desidia. La inercia: esa “propiedad de los cuerpos de no modificar su estado de reposo o movimiento si no es por la acción de una fuerza” Todo cuánto en apariencia creemos que está siendo alterado, se mantiene en rigor de verdad, invariable, estático…

Una tabla rasa 

Vivimos en una suerte de realidades virtuales. Blumberg, Olimpíadas, Corte, AMIA, FMI, debates necios, secuestros…. No hay una lógica en la trama y, en consecuencia, el escenario político refleja eso: un tablero sin cuadrícula. Los peones se transforman en protagonistas, a la reina se la saca del medio, el alfil usurpa la torre, y el rey se mueve por ósmosis. La confusión de roles expresa esa falta de ordenamiento.

No tenemos reglas porque carecemos de límites. Ni siquiera es factible establecer qué capítulo de la historia estamos escribiendo desde nuestro ilustrado analfabetismo… De allí que -en pleno invierno- tengamos 29 grados de sensación térmica y en la semana volvamos a congelarnos sin que parezca extraño.

Todo puede suceder cuando se carece de lo básico: una estructura firme, un eje, un punto de partida, una guía, una dirección concreta. Leemos que la economía puede crecer un x %, que el desempleo se redujo, que la canasta de alimentos sube…

Pero ¿cuál es el punto de referencia para advertir que lo que nos dicen es cierto? ¿A quién le estamos creyendo? Observando los titulares de la prensa se presiente que Argentina se rige según la sensación térmica de un poder sin fuerza. Un gobierno que de tan débil no puede atender el todo. Limitado a contrarrestar las partes. Y así, el rompecabezas no cierra.

Basta como ejemplo escuchar el debate de un ministro no con la sociedad sino con una víctima de la delincuencia. Desde los mismísimos ministerios emana la violencia si los funcionarios no logran darse cuenta que el reclamo es de todos no de algunos. Las partes se suman, no se restan. Sin soluciones concretas, el gobierno se especializa en dividir los problemas.

No tenemos un conflicto mayúsculo como hoy lo tiene Rusia con Chechenia pero estamos encerrados entre cientos de inconvenientes cotidianos. De arriba administran el hábito. Ya hemos visto como se cercenó el dolor para diezmar la fuerza de una movilización… Paradójicamente, el poder rinde culto a una democracia inexistente o al menos, a una democracia que ellos no atienden. Se destina las fuerzas de seguridad a la búsqueda del líder insurrecto prófugo.

¿Qué hizo el tal Fernando Espeche ahora que sea diferente a lo que ya hiciera? Quebracho remó siempre contra la marea. Posiblemente esta vez actuaron sin contemplar el descenso de imagen presidencial en las encuestas. Ir tras Quebracho en este “aquí y ahora” sirve al objetivo kirchnerista, es una medida efectista. Lo cierto es que no cambian un ápice los hechos, cambian las circunstancias anexas y ahí radica el primer obstáculo para definir un escenario. La escenografía se modifica según el humor del jefe, en el día a día… No hay meta más allá de las legislativas del próximo año. Lo demás es mantenerse sin demasiados sobresaltos en el “mientras tanto”

A esta altura es evidente que la permanencia en el poder es lo único que alimenta pactos, acuerdos, silencios y acalla internas. El mutis por el foro de los Duhalde da pauta concreta. También lo es, el manejo de las huestes piqueteras. -“La gente ya sabe que el centro es un caos, en vez de tomar por la Avenida de Mayo toma por el bajo”, dice un funcionario. “Los empresarios entendieron que pueden mantener intactas sus fábricas si le tiran algo a los muchachos”, continúa sin pestañar siquiera…

Legalizan la extorsión

El “toma y daca” es caridad solidaria. En definitiva, estamos sometidos a un gobierno que persigue la costumbre, que opera como una suerte de servicio meteorológico: no actúa, anuncia. Y lo hace acorde a su propia sensación térmica. La temperatura puede variar pero siempre dentro de ciertos esquemas: sino sale el sol puede que llueva. Así, ofrecen paraguas en caso de tormenta o ponen filtros si los rayos ultravioletas molestan.

El juego no se altera: Fernando Espeche ayer se llamaba Raúl Castells y mañana podrá llamarse Luis D´Elía. Antes quizá fue “el perro” Santillán o el malevo Ferreira. También por ello pasamos de los asaltos comandos a bancos a los secuestros exprés y de éstos al negocio de los rescates que -en ciencia ficción-, se diría lo pagan con la “caja” para evitar más rebelión en la granja… Si no hay hazaña es inviable que nazca el héroe. Algo debe aflorar que justifique tener un presidente- prescindente, y que no se pase abruptamente del desconcierto al descontento generalizado.

El síndrome De la Rúa existe. Una chispa basta para encender el fuego. Por eso, es dable esperar que se continuarse con la parafernalia de anuncios de obras públicas, planes sociales y el mantenimiento activo de un engranaje comunicacional capaz de hacer creer que hay novedades cuando todo sigue igual. Si se tratara de analizar una obra de ficción, al líder de Quebracho -que manda misivas a televisión saludando a la familia-, aconsejaríamos se lo buscara en Balcarce 50.

En rigor, el gobierno le debe gratitud: le facilitó convencer a una parte de la ciudadanía que se modificó la política de seguridad en Argentina… Incluso, al titular del FMI, Rodrigo Rato se le pudo mostrar un operativo eficaz y evitar que se lleve la imagen de una ciudad sitiada, y un gobierno de collage.

En este contexto, sólo cuando se admita que el mayor problema es la inercia, podrá salirse del status quo tan peculiar con que se nos gobierna. Mientras tanto, todo seguirá siendo circular: cambiarán nombres, no actitudes; cambiarán causas pero no consecuencias; cambiarán elencos pero no personajes; cambiará el guión pero no la letra… Sumidos en arquetipos sin ver más allá de lo que se publica, atravesamos por ejemplo, la disputa con Rodrigo Rato del Fondo Monetario sin penas ni glorias como pasara antes con Horst Köhler o Anne Krueguer.

Todo va y viene. De allí que primero sea la inseguridad el problema, luego la Corte Suprema; más tarde, la impunidad y ahora la economía o la deuda con los bonistas… Mañana será la puja de poder en el Banco Central o la presencia repentina de una nueva corriente opositora u oficialista (nadie sabe a ciencia cierta dónde se hallan las diferencias) Lo esencial, en definitiva, es que exista la crisis para justificar la ignominia sin tener chechenios ni chiítas ni kamikazes que intenten justificar lo injustificable.

¿QUÉ ES LO NUEVO?
– Aumento de la prostitución infantil (sin infancia no hay mañana que valga…)
– Impunidad y desvergüenza: Ribelli-Telleldín constituyen ya una nueva fuerza…
– La fiesta Kirchnerista: Corderito patagónico con agua mineral en vez de pizza con champagne. Una apertura de caja para costear consensos o al menos silenciar disensos.
– Default provinciales (Versión federal)
– Un nuevo enemigo (¿existente?) a quién culpar por lo que pase o deje de pasar: hablamos de Quebracho.
– Raúl Alfonsín: ¡Bienvenido a escena! ¿El emblema del “retorno a la democracia” o la única manera de proclamarla cuando no hay rasgos de aquella?
– Debates vacuos, no en el Congreso o en reuniones de gabinete donde oposición y oficialismo debieran aunar criterios en pro del país y no sólo de algunos ciudadanos.
– Nuevas comisiones en la mira que ratifican la sentencia de Churchill: Sólo son útiles cuando todo quiere mantenerse en el mismo estado.
– Más escisiones en la sociedad: Dividida es manejable, unida puede hacer que un helicóptero remonte vuelo desde la azotea de Balcarce 50.
– Prófugos con paradero harto conocido, suicidados oportunos, delincuentes liberados por minoridad: ¡No saben siquiera qué es la infancia y en la ignorancia se la cercena, se la mata!
– ¿Qué hacer frente a esto? ¿Hay margen para pensar que el Gobierno realmente modificará su inercia? A fuerza de repetir situaciones conflictivas se ha hecho creer a gran parte de la sociedad que cualquier escollo para el Ejecutivo es un síntoma de cambio de rumbo. Sin embargo, no llegamos a obtener evidencia empírica de que así suceda. Se han emparchado problemas pero no ha habido soluciones desde la asunción de Néstor Kirchner a la Presidencia.

El gobierno ha manipulado ciertos “gestos” para que sean tomados como puntos de partida cuando, en rigor, fueron y son puntos de fuga hacia ningún lado. Ni la gastritis, ni la renuncia de Béliz, ni el primer acuerdo con el Fondo, ni la visita a Bush, ni el haber viajado a China modificaron un ápice la in-conducente desidia que gobierna. Nada se soluciona en Argentina. Parece ser una política de Estado, el buscar únicamente “ir tirando”…

¿Será que con eso, los argentinos, nos conformamos? La causa AMIA, sin ir más lejos, es el reflejo de la sin-causa nacional. Lo que parece avanzar retrocede y lo estático apenas si gira sobre el propio eje pero no hay cambio. Lo dicho queda comprobado sí, atendiendo el razonamiento de Wilfredo Pareto analizamos qué premisa es la predomina en Argentina: “Los esfuerzos de los hombres se utilizan de dos formas diferentes: O se aplican a la producción o transformación de bienes económicos, o se aplican a la apropiación de los bienes producidos por otros” Nos cabe a simple vista la segunda alternativa. Se nos apropiaron de bienes propios y también de dolor, de sueños y de asombros…

El crecimiento necesita inversión y ésta, a su vez, requiere seguridad jurídica, reglas, estructuras mínimas. No las hay. ¿No es ingenuo esperar limosnas? Ni siquiera se puede afirmar a ciencia cierta sí seguiremos en default o habrá algún tipo de reacción para mantener la decencia… Los plazos se alargan interminablemente. Esa es la metodología de la dirigencia para gestar el acostumbramiento y la ceguera en la gente. “Vivir con lo nuestro” es un slogan viejo. Lo nuestro se está acabando y el Presidente anuncia que vuelve el Estado…

Todo hace prever que vuelve a saquearnos. Si acaso alguien creyó que el alto superávit podía ayudar, la “bienvenida” oficial al Estado mató las ansias desde el vamos… Sí Kirchner abre la caja luego necesitará volver a llenarla para costear un año electoral y lo hará con más presión tributaria. No está en la mente del primer mandatario reducir el gasto público: es mayúsculo el despilfarro. No seamos ingenuos: el gasto es fuente y no cauce del progresismo imperante. Sin chechenios, sin chiítas, sin kamikazes…

¿Qué es, sino la desidia lo que mantiene a la Argentina en la nada más angustiante? Los problemas restantes quizá sean menores y como sostiene Jorge Asís, materia solucionable con un simple asiento contable…/ “El problema del abastecimiento comenzó a hacerse difícil y el interés de los habitantes derivó hacia las preocupaciones inmediatas. Absorbida por la necesidad de hacer colas, de efectuar gestiones y llenar formalidades si querían comer, la gente ya no tuvo tiempo de pensar en la forma en que morían los otros a su alrededor ni en la que morirían ellos un día. Así, esas dificultades materiales que parecían un mal se convirtieron en una ventaja. Y todo hubiera ido bien si la epidemia no se hubiese extendido como ya hemos visto (…) La noche estaba en todos los corazones y también las verdades como las leyendas que se contaban a nuestros conciudadanos. Hay que hablar de los entierros, y el cronista pide perdón por ello. No es absoluto aficionado a ese tipo de ceremonias, prefiere, por el contrario, la sociedad de los vivos y, por ejemplo, los baños de mar. Pero los baños de mar han sido suprimidos y la sociedad de los vivos teme constantemente tener que dejar paso a la sociedad de los muertos. Esta es la evidencia. Claro que siempre puede uno esforzarse en no verla. Puede uno taparse los oídos y negarla pero la evidencia tiene una fuerza terrible que acaba siempre por arrastrarlo todo…” Albert Camus (La Peste)

GABRIELA POUSA (*)
Analista Política. Lic. en Comunicación Social (Universidad del Salvador) Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE) Estudios en Sociología del Poder (Oxford) Queda prohibida su reproducción total o parcial sin mención de la fuente.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú