En fin, a falta de nuevos posados de ministras socialistas, debemos celebrar la existencia de temas de conversación para hablar durante el mes de agosto con distensión en la playa.
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Martes, 19 de mayo 2026
En fin, a falta de nuevos posados de ministras socialistas, debemos celebrar la existencia de temas de conversación para hablar durante el mes de agosto con distensión en la playa.
José Miguel Alvarado
Los satélites de la Nasa llevan tiempo estudiando los procesos que desencadenan las erupciones violentas de las auroras boreales. El fenómeno, por raro que parezca, tiene lugar en cualquier recoveco del universo y a cualquier escala.
Pero cuando en castellano decimos que algo es o parece de aurora boreal nos referimos a otra cosa. Así por ejemplo, cuando mi madre quería subrayar la irracionalidad, estupidez, la insensatez o el disparate de alguien muy fantasioso, sentenciaba: ¡eso es de aurora boreal!
Nunca pregunté a mamá como imaginaba ella el fenómeno de las auroras boreales pero, a juzgar por el contexto en el que se expresaba, no creo que distase mucho del dibujo universal de lo ridículo.
Ridículo resulta todo ese asunto del espía ruso. Primero, que el gobierno de Aznar lo despida sin más del Centro de Inteligencia. ¡Hombre por Dios, no!… En todas las películas que he visto, los malos espías son hechos prisioneros, o mueren, o sirven de intercambio para salvar a los buenos. Segundo, que el gobierno de Rodríguez Zapatero lo detenga años después dando clases gratuitas de resolución de conflictos y lo anuncie a bombo y platillo ante la prensa. Puestos a detener, pues toma, hasta espías y todo. Para mí que aquí hay tomate y que a este lo han detenido porque se va demasiado del pico en sus clases. Es una ironía, desde luego.
Pero no es ironía que su captura coincida con un encendido de luces sobre una posible nueva guerra fría y una plaga de topillos en Castilla-León, cuna de reyes y reinas católicos.
Los topillos no son los hijos del espía Roberto García Flórez. Son unos roedores asquerosos y bastante feos que aparecen muertos en todas las piscinas de tierra adentro, con el consiguiente cabreo de sus dueños; estropean las cosechas de los agricultores, que ya quedan pocos; y además transmiten una enfermedad causada por la bacteria francisella turalensis, que es como la gripe.
En fin, a falta de nuevos posados de ministras socialistas, debemos celebrar la existencia de temas de conversación para hablar durante el mes de agosto con distensión en la playa.
Al menos, es mejor que hablar del Estatuto de Catalaluña, la Ley de Memoría Historia, la negociación con ETA, la Educación para la Ciudadanía, las elecciones y los pactos postelectorales, Navarra, los jueces y la fiscalía, las cuotas, la subida de la hipoteca y lo que se avecina.
De modo que entre topos, topillos, las portadas de El Jueves y los exabruptos de algunos contra la monarquía vamos más que servidos hasta que el calentón electoral político nos devuelva al día a día, allá por el mes de septiembre, si Dios quiere y Zapatero nos deja.
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