José María Aznar, en declaraciones al diario español La Razón, ha hecho una firme defensa de la Cumbre de las Azores diciendo que la misma es “la expresión gráfica del retorno de España al punto más alto de decisión internacional y de la plenitud de España en el escenario de la política atlántica”. Para Aznar se debe dotar a España de mayor fortaleza institucional y de mayor fortaleza nacional, hacerla más fuerte en un sentido liberal y resituarla en el plano internacional y atlántico.
La democracia es el mejor servicio para la paz, la seguridad y la estabilidad
El ex presidente español destacó el proceso de libertad en marcha que se está
percibiendo en Oriente Medio y que según él “deriva de la actuación en Iraq y de
la política que se fundamenta en el principio de que la democracia es el mejor
servicio para la paz, la seguridad y la estabilidad. Que hombres y mujeres
iraquíes hayan votado libremente, que puedan salir por primera vez de su país,
es, si se me permite decirlo, gracias a las Azores, entre otras cosas. Y estoy
seguro de que ahora a muchos de mis críticos les hubiera gustado estar allí”,
dijo en una entrevista publicada ayer al diario español La
Razón.
El vídeo de
FAES
En relación a la polémica que sucitó el vídeo
de la fundación FAES que analiza el comportamiento del PSOE en torno al
11-M, Aznar dijo que que “los que tienen que estar preocupados con lo
que pasó el 11-M son los que montaron la manipulación. Hay cosas que en una
jornada de reflexión no se hacen y la izquierda es consciente de que tuvo
comportamientos que no debía tener. Que eso se diga no lo considero un delito ni
una cosa rara. Ni tampoco veo por qué tiene que perjudicar a nadie. Decir que
nuestras sedes estuvieron rodeadas de manifestantes enviados por algunas
personas y por algunos grupos que insultaban, injuriaban y coaccionaban a la
gente del PP es un hecho histórico. Decirlo no puede perjudicar a nadie. Decir a
la izquierda que esas cosas no se deben volver a repetir es una actitud de
responsabilidad. Y si los hechos molestan… Lo peor no es que los hechos
molesten, lo peor es que los hechos puedan haber alterado el
resultado.”
“Retratos y perfiles, de
Fraga a Bush”
El nuevo libro de Aznar plantea que,
en su último viaje a España, el Papa Juan Pablo II defendió la “integridad
nacional” y advirtió de que el nacionalismo supone una “amenaza a la continuidad
de la nación”, que debe construirse sobre la base de la diversidad. Aznar hace
estas afirmaciones en su libro “Retratos y perfiles, de Fraga a Bush”, que sale
a la venta este jueves y en el que relata sus experiencias con personajes del
panorama nacional e internacional.
En el prólogo, Aznar explica que, de
los políticos españoles “uno de sus mejores colaboradores” es Mariano
Rajoy. De su sucesor al frente del PP se limita a comentar que “era el mejor
para haber seguido gobernando España con acierto y prudencia” y que “pronto
muchos españoles volverán la vista (hacia él) y encontrarán (…) lo que siempre
le ha caracterizado y tanto falta en otras personas que hoy tienen
responsabilidades muy graves: visión, tenacidad, moderación, capacidad de
trabajo y, ante todo, lealtad constitucional y un profundo amor a España”.
En una entrevista publicada ayer por el diario español La Razón Aznar
explica por qué no escribió sobre las dos figuras más importantes de la
actualidad política española: “¿Por qué la ausencia del Rey, de Rodríguez
Zapatero o de Rajoy?”, le preguntan. Aznar contestó que “El Rey por razones
obvias. Y luego, es que hay gente que está retratándose todos los días y no hace
falta que yo les retrate. Todo además tiene su dimensión. Me parece absurdo que
yo pueda hacer un retrato del señor Zapatero o del señor Rajoy.”
Su visión de Juan Pablo II
Señala Aznar que el Papa “entiende el nacionalismo no sólo como una
amenaza para la continuidad de la nación española y un riesgo para Europa”, ya
que “sabe cuáles son sus aspiraciones y la falta de escrúpulos que ha demostrado
siempre a la hora de conseguirlas”.
Es por ello por lo que, según Aznar,
el “segundo mensaje” del Papa fue el de la “diversidad”, que es la base sobre la
que se “construye la idea misma de Europa y la unidad de la nación española”;
mensaje que completó aconsejando a los españoles que no deben “olvidar su
historia” ni que “la fe cristiana y católica constituye la identidad del pueblo
español”.
George Bush, desde la pluma de
Aznar
En cuanto a las personalidades, Aznar también
dedica un capítulo a recordar su relación con el presidente norteamericano,
George Bush, de quien destaca su “determinación, lealtad,capacidad y voluntad de
liderazgo”.
Tras subrayar la fluidez de sus relaciones y la creciente
confianza personal entre ambos, Aznar afirma que hablaban “con tanta frecuencia
que acabamos instalando un teléfono especial en la Moncloa sólo para hablar con
la Casa Blanca”, y apunta que “ahora, como no suenan los teléfonos,
probablemente ya lo habrán retirado”.
Otros análisis políticos y
anécdotas personales de Aznar con protagonistas de la escena internacional tanto
presentes -Silvio Berlusconi, Jacques Chirac o Tony Blair-, como pasados -Helmut
Khol, Hassan II, Margaret Thatcher o Isaac Rabin-, completan el libro. Entre los
políticos españoles sólo figuran Manuel Fraga, Jordi Pujol y Adolfo Suárez.
De los demás no habla porque “en política no se es siempre lo que se
quiere, sino lo que los demás deciden que uno sea” y que el que ya no esté
en la vida política “no quiere decir que (sus) palabras no puedan ser
aprovechadas para fines que prefiero no imaginar”. No obstante, advierte de que
“en un posterior libro de memorias aparecerán casi todas las personas que he
preferido soslayar aquí”.
La hipocresía de
Fidel Castro
Aznar acusa al dictador de utilizar a su
pueblo como “moneda de chantaje” para perpetuarse en el poder y a los gobiernos
socialistas de ser tibios con el dictador. Aznar dedica uno de los capítulos a
Fidel Castro y narra algunos detalles de sus encuentros con el dictador cubano.
Así, comenta la reunión que mantuvieron ambos en Moncloa poco después de la
cumbre iberoamericana que se celebró en Oporto los días 17 y 18 de octubre de
1998.
El ex presidente cuenta cómo Castro, durante un desayuno de
trabajo, le dijo que estaba interesado en visitar Extremadura y que deseaba
volver a hablar con él. Aznar les explicó que no tenía prevista ninguna visita a
esta comunidad autónoma en los días siguientes a la cumbre, por lo que Castro
admitió que lo que quería era reunirse con el entonces presidente español.
“Ante eso, accedí a recibirle en La Moncloa, con una condición, la
visita duraría exactamente dos horas, de seis a ocho de la tarde del día 20 de
octubre”, relata y acto seguido explica la”desazón” que le producía la idea de
tener una conversación de seis o siete horas.
Durante esta conversación,
el ex presidente admite que se sinceró con Castro y le dijo que si estuviera en
sus manos “levantaba el embargo contra Cuba mañana mismo, o al cabo de muy poco
tiempo, y acababa con el régimen en tres meses”, ya que, en su opinión, el
embargo es uno de los”grandes aliados” con los que ha contado el dictador.
Según Aznar, Castro le contestó, literalmente, que él “necesitaba el
embargo para esta generación y la siguiente”. El autor del libro apunta que le
pareció “asombrosa la crueldad y la hipocresía de ese doble discurso de quien
manifiestamente está utilizando a su pueblo como moneda de chantaje para
denunciar a supuestos enemigos extranjeros y perpetuarse en el poder”. A la
salida del despacho en Moncloa, el dictador le dijo al hijo de Aznar: “estas
saludando al demonio”. Para el ex presidente del Gobierno, que confiesa no tener
ninguna simpatía por el régimen de Castro, este será recordado como un
dictador”cruel e inhumano”, por lo que asegura no entender a los gobiernos
socialistas a quienes acusa de haber sido siempre “muy tibios a la hora de
condenar a Castro”.
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