da la impresión de asistir a una carrera de dudosos y turbios aspirantes a representarnos
Tiempo de lentes de aumento, búsqueda concienzuda de antecedentes personales y políticos, historiales observados con lupa, tiempo de escudriñar minuciosamente pasados y presentes, de buscar la mácula por insignificante que sea o parezca. Tiempo de candidaturas políticas, de publicación de listas electorales y de adversarios al acecho, ojo avizor, te pillé.
Algunos medios de comunicación hacen el trabajo por cuenta ajena. Todos bajo sospecha; el que denuncia también, pero al llegar antes denuncia dos veces. Las sospechas de uno son más fundadas que las de los otros; los sospechosos siguen la teoría inversa. Con nuestra agilidad judicial el título de sospechoso puede llegar a ser vitalicio. ¿Qué hacer mientras tanto? ¿Basta una denuncia para sacar de la vía a un rival? Por el contrario ¿son las elecciones un refugio admisible para atrincherarse un delincuente?
Al final los escrúpulos los ponen y quitan los electores, lo que no impide que en este trámite se dé la impresión de asistir a una carrera de dudosos y turbios aspirantes a representarnos.
Por cierto, en el último mitin de Zapatero se lanzó la sombra de la sospecha sobre una cadena de televisión y casi linchan allí mismo al corresponsal de otra. El propio Zapatero tuvo que pedir calma a las masas y poner un ejemplo contundente: “TVE también maltrata al Gobierno y sin embargo lo hace respetando la inteligencia de los espectadores”. Todavía hay mandíbulas desencajadas de la risa en el auditorio, aunque al menos logró el Presidente rebajar la tensión y las predecibles consecuencias de la sospecha del momento.
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