El mandatario, otrora líder de movilizaciones sociales contra gobiernos neoliberales, tuvo que soportar la protesta de sus ex compañeros sindicales e incluso envió militares para retomar el control de un gasoducto paralizado desde hacía 12 horas por manifestantes de zonas fronterizas del país, que interrumpieron por ese lapso las exportaciones de gas hacia la Argentina.
´Evo Morales está viendo que una cosa es el balcón y otra cosa es la gestión´, dijo un sacerdote
El presidente de Bolivia, Evo Morales, enfrentó la jornada de protesta más importante desde que asumió su cargo, hace siete meses, en medio de una ola de reclamos provenientes de distintos sectores sociales y con diferentes objetivos.
El mandatario, otrora líder de movilizaciones sociales contra gobiernos neoliberales, tuvo que soportar la protesta de sus ex compañeros sindicales e incluso envió militares para retomar el control de un gasoducto paralizado desde hacía 12 horas por manifestantes de zonas fronterizas del país, que interrumpieron por ese lapso las exportaciones de gas hacia la Argentina.
Al mismo tiempo, debió soportar la paralización parcial de tres ciudades -entre ellas La Paz- por una huelga del transporte público contra la “soberbia del gobierno”, que incluyó bloqueo de calles y coincidió con la suspensión de labores por parte de maestros y otros trabajadores estatales por demandas propias.
La lista de huelgas y protestas no terminó allí, e incluyó además la toma de un gasoducto que se utiliza para exportaciones a Brasil -con la amenaza de que se suspenda la provisión del fluido- por parte de comunidades indígenas que protestan contra la empresa que explota el ducto; una huelga de hambre de un comité cívico de Chuquisaca, que reclama más atención del gobierno a la región, y posibles manifestaciones en Santa Cruz por el plan de educación “indigenista” que impulsa el Ejecutivo boliviano.
Todo esto, en el marco de una dura embestida parlamentaria y judicial de la oposición en contra de la nacionalización de los hidrocarburos, que es acompañada por el malestar de las petroleras Repsol y Petrobras.
“Evo [Morales] está viendo que una cosa es el balcón y otra cosa es la gestión”, dijo ayer el sacerdote y periodista Eduardo Pérez en su programa noticioso matutino, el de mayor rating del país.
De inmediato, el viceministro de Movimientos Sociales, Alfredo Rada, discrepó sobre esa opinión y, al explicar el panorama de conflictos, dijo que no todos los problemas podían ser atribuidos al gobierno.
“En algunos casos hay motivaciones políticas, pero, en general, hay falta de diálogo y también situaciones, como en la frontera con la Argentina, que están fuera del control del gobierno”, dijo. “No se trata de cuestionamientos fundamentales, sino de situaciones puntuales”, agregó.
Sin embargo, en el medio de la escena está Evo Morales, que forjó su carrera a la presidencia, en buena medida, como líder de movilizaciones sociales que terminaron ahogando a los dos últimos presidentes, Gonzálo Sánchez de Lozada y Carlos Mesa.
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