Política

Buenos vientos desde Medio Oriente y tempestades desde Iberoamérica

Las elecciones de Irak, el rechazo de España al separatismo vasco, el regodeo populista en Iberoamérica y el caso Granda fueron los grandes temas de la semana.

editorial
La semana comenzaba con la excelente noticia que nos llegaban de Irak. El
pueblo iraquí había respaldado la propuesta democrática a pesar de la violencia
de terroristas o insurgentes como les llama la prensa occidental. Fue un
espaldarazo para Bush y para Blair y para todas las democracias que están
ayudando. Era también un espaldarazo a millones de iraquíes que creen en ello y
apuestan por la democracia.

El martes, con motivo de la visita de Hugo Chávez a Argentina, decíamos que en
América Latina se asume el supuesto fracaso de las empresas privadas y se ofrece
como solución las recetas burocráticas, inflacionistas y deficitarias de los
años ´80. Reconocíamos que las privatizaciones podrían estar mal hechas y que
los controles estuvieron casi ausentes en todo momento. Pero ahora era como si
nadie se acordara ya de lo que era cargar gasolina en Buenos Aires haciendo
horas de cola ante el inminente anuncio de aumento de tarifas, o los los cortes
de luz que realizaba sin previo aviso la ex empresa estatal SEGBA durante el
sofocante verano porteño y la falta de gas en el invierno gracias a la nefasta
gestión de Gas del Estado. El ataque de la izquierda progresista al sector
privado y empresarial puede desencadenar odiseas foscas para los consumidores.


El miércoles dimos cuenta de la histórica jornada que vivió el Congreso de Diputados
español rechazando el Plan Ibarretxe. Un somero análisis del discurso ofrecido
por el lehendakari, Juan José Ibarretxe, en la jornada parlamentaria dejaba en
claro la falsedad de su propuesta y el integrismo separatista que invoca y
defiende. Asimismo, destacamos que el presidente Zapatero no tuvo un discurso
contundente y que, en su afán por distanciarse del PP, dejó abierta la puerta
para pactos y negociados oscuros. Muy distinto estuvo Mariano Rajoy, con un
discurso excelso y sin fisuras.

El jueves analizamos la comparencia del ministro de Asuntos Exteriores,
Miguel Angel Moratinos, que su arte de desdecirse, llegó a decir que las
relaciones con EEUU eran “normales” aunque todos sabemos que no es así, que
España no cuenta y que la administración Bush sólo es amiga de sus amigos. Por
eso, su secretaria de Estado de visita por Europa no hace escala en Madrid y por
eso Bush no hablará con Zapatero cuando venga a Europa. Así todo, luego de hacer
un repaso por todos sus errores y tropiezos, le pedíamos a Moratinos que quien
represente a España imprima una estrategia en la que sea España, y no terceros
países, la protagonista de los objetivos que se quieren alcanzar.

Al
acabar la semana revelábamos que la captura de Rodrigo Granda, encargado de las
relaciones internacionales de las FARC, demostraba hasta qué punto el terrorismo
está apoyado y solventado por las entrañas del poder populista de América
Latina, encarnado por Lucio Gutiérrez y Hugo Chávez Frías.

Decíamos que,
mientras el periodismo de investigación mostraba aquello que la diplomacia
ocultaba, la captura de Granda tenía una implicación jurídica internacional
importante que residía en el hecho de que, a pesar de que el arresto si hizo sin
la notificación de las autoridades competentes, la captura se solventa en el
firme objetivo del Gobierno de Uribe de erradicar a los grupos terroristas que
amenacen a la sociedad civil colombiana y la estabilidad del Estado de derecho.
Lo que se negó a hacer Chávez, tuvo que hacerlo Uribe y lo apoyábamos por esa
razón.

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