Política

Cabrera Infante, un espíritu libre marcado por la dictadura cubana

Más de treinta años de exilio forzoso marcan la personalidad de cualquiera, sobre todo cuando quieres tanto a tu tierra como la quiso Cabrera Infante. El mago de las palabras afirmó que sólo volvería a Cuba cuando saliera Fidel Castro. Su viuda, la actriz cubana Miriam Gómez ya ha anunciado que las cenizas del escritor volverán a su amada Cuba cuando ésta recupere la libertad. El tirano todavía no le ha ganado la batalla ya que sigue vivo en el corazón y la mente de muchos cubanos.

En recuerdo de
El pasado lunes moría Guillermo Cabrera Infante. Se trata de una de las voces
más críticas contra la dictadura cubana, de hecho, vivía en Londres desde el año
1965 ya que no soportaba ver cómo su país era dirigido por los designios del
tirano Castro.

En realidad Cabrera Infante era un espíritu libre que, por
desgracia, vivió siempre bajo el yugo de la falta de libertad en su tierra.
Primero fue crítico con el gobierno de Baptista, de hecho estuvo encarcelado por
su postura opositora al régimen.

El triunfo de la Revolución Cubana lo
llevó a dirigir el Concejo Nacional de Cuba y a dirigir la publicación
Revolución. Además de sus actividades periodísticas, continúa con la literatura
de ficción y en los siguientes años gana premios y menciones con sus cuentos.


Participa de manera muy activa en vida intelectual del país; funda la
Cinemateca de Cuba, que presidirá de 1951 a 1956, y en 1959 es nombrado
directivo del Instituto del Cine. Por otro lado, ocupará el cargo de director en
el magazine literario “Lunes de Revolución” desde su fundación hasta la clausura
de ésta en 1961.

La ruptura total y el
exilio


En 1962 viajó como agregado cultural en Bruselas, pero
luego rompió relaciones con el gobierno de Fidel Castro y se instaló
definitivamente en Londres, donde vivió hasta su muerte y mantuvo una posición
crítica al régimen castrista.

Desde entonces ha sido un escritor
exiliado. Aunque, como comentaba en una entrevista concedida en 2003, para él
esta condición significó “algo muy bueno porque me he permitido convertirme en
escritor profesional. Es decir, yo vivo de lo que escribo, no como antes, que
publicaba esporádicamente”. Sin embargo no pudo ocultar la cara amarga del
exilio, esa que le hizo perder a su lector natural que es, “por supuesto, el
cubano y si es posible el habanero”.

Con pocos escritores el régimen de
Castro se ha portado de manera tan farfullera. Desde los años 60 sus libros
están prohibidos en la isla, algo que le dolía, que le dolió hasta el momento
final. “No poder escribir para mi público ha sido para mí un conflicto
-comentaba hace poco- porque mis libros están prohibidos en Cuba. Ni siquiera se
pueden tener en la casa. Hace poco descubrieron a una maestra que tenía un
ejemplar de mi libro “La Habana para un infante difunto” y la llevaron presa. La
juzgaron por tener “literatura subversiva”, cosa que es verdaderamente tener
ganas de acusar a alguien por algo que no existe, y la multaron en 500 pesos,
que para una persona en Cuba es bastante dinero”.

En Cuba no ha muerto

Paradójicamente, en Cuba,
Cabrera Infante no ha muerto nunca. Eso es lo que se deduce de la falta de
noticias sobre su fallecimiento en los medios oficiales. Es más, los cubanos, se
enteraron del triste suceso por el boca a boca. En contraste con esta situación,
Miami, la segunda ciudad con más cubanos en el mundo, llora la muerte del
escritor. “Cabrera Infante seguirá siendo por siempre orgullo cubano por su
postura, perseverancia y paciencia para defender la verdad de una manera clara,
valiente y extraña a la agresividad”, afirma Luis Montoto, subdirector de la
Fundación Nacional Cubano Americana.

“Fue y seguirá siendo el icono del
exilio por su ´cubanía´ en la que expresó una convicción política inalterable al
lado de su nostalgia poética”, agrega.

Así, de esta manera, Fidel le
negó el pan y la sal a esta mente privilegiada que tenía un modo tan especial de
contar sus historias, unas historias que reflejan de manera sumamente nítida la
realidad cubana “de manera que ni siquiera puedo tener ese tipo de lector
ocasional. Y esto es lo que a mí en realidad más me toca de mi exilio. Conozco a
los otros escritores sudamericanos que empezaron a publicar junto conmigo y
todos, no solamente pueden regresar a sus países de origen, sino que sus libros
son celebrados, acogidos y leídos en sus países respectivos”.

Pero lo
que le negó su país natal se le reconoció fuera, así en 1997 recibió el premio
Cervantes, galardón que concede el Ministerio de Cultura. Por cierto, que ese
mismo organismo, ahora dirigido por Carmen Calvo no ha publicado ni siquiera una
nota de condolencia por la muerte del insigne escritor. También gano el Premio
Biblioteca Breve de Seix Barral en 1964 por “Vista del amanecer en el trópico”.


Bibliografía

Su primer libro
publicado fue Así en la paz como en la guerra (1960), pero alcanzó su mayor
reconocimiento con Tres tristes tigres (1967), novela ganadora del Premio
Biblioteca Breve, y La Habana para un infante difunto (1979). En ambas obras se
evidencia la presencia de la ciudad, evocada desde el pasado y la distancia.


Además de sus trabajos como crítico y guionista de cine, publicó también
el libro de cuentos Vista del amanecer en el trópico (1974), O (1975), de
carácter experimental y los ensayos Exorcismos de esti(l)o (1976), Arcadia todas
las noches (1978), Mea Cuba (1993), Delito por bailar chachachá (1995), Ella
cantaba boleros (1996) y Vidas para leerlas (1998), además de un texto en
inglés, Holy Smoke (1985) y El libro de las ciudades (1999), donde oficia de
guía turístico e historiador de distintas ciudades del mundo. También son obra
suya, Un oficio del siglo XX (1963), Cuerpos divinos (1979), La próxima luna
(1990), Mi música extremada (1996), Cine o sardina (1997) y Todo está hecho con
espejos (1999).

El futuro de
Cuba


Su viuda, la actriz cubana Miriam Gómez ya ha anunciado que
las cenizas del escritor volverán a su amada Cuba cuando ésta recupere la
libertad. Y el lo tenía claro en vida, para volver, “tendría, primero que nada,
que desaparecer del gobierno Fidel Castro, de la forma en que fuera posible, es
decir, si renunciaba o si se moría o si lo sacaban del poder. Tendría que ser un
país en democracia. De otra manera, yo no podría regresar. Porque yo estoy muy
bien en Londres. Estoy viviendo en la democracia inglesa, y estoy viviendo muy
bien en el sentido de que tengo completa libertad para hacer lo que yo quiera,
para escribir lo que yo quiera y para leer lo que yo quiera”.

En este
sentido, y preguntado por el futuro del país, Cabrera Infante consideraba que
“el futuro para Cuba es uno sólo. El futuro ideal es el mismo que el futuro
real, es decir una democracia. Yo creo en la democracia y una de las cosas que
más me gusta de Inglaterra es la permanencia de su democracia, de su
constitución no escrita, y un parlamento independiente, y una prensa libre. Todo
eso viene con la democracia. No hay otra forma de alcanzarla. Todo lo demás que
se diga del gobierno del proletariado y toda esa serie de engañifas, no tienen
ningún sentido para mí. Yo creo que el gobierno único de un país tiene que ser
un gobierno democrático, elegido por la mayoría, en voto secreto y universal, y
eso es lo que yo aspiro que ocurra en Cuba”.

La
pasión del cine


Su pasión fue el cine. Le gustaba decir que lo que
hacía eran libros, que él no escribía novelas. Cada rato hablaba de ´contar
cuentos´. Y así es su obra, un paseo por todos los grandes temas.

La
amistad, la noche, los viejos afanes para salir de la miseria y cambiar de vida,
las pequeñas traiciones que llenan la memoria de heridas, la alegría de pasarlo
bien, el placer de tantas y tantas anécdotas y situaciones, el amor y los
infinitos juegos que ponen en marcha hombres y mujeres para seducirse, el
desarraigo, la muerte.

Guillermo Cabrera Infante fue un nostálgico. Sus
libros de cine y sus relatos dieron cuenta, a través de los años, de una marcada
debilidad por los buenos viejos tiempos y precisamente uno de sus últimos
trabajos es de este calibre. Se trata del guión de la película The Lost City,
filme producido, dirigido y protagonizado por el actor estadounidense de origen
cubano Andy García.

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