Este periódico, junto con muchos analistas, se ha resistido durante meses a identificar la crisis financiera mundial y el crack de 1929. Lo ocurrido en estos últimos quince días con Lehman Brothers, Merrill Lynch, AIG y Washington Mutual hace que se parezcan cada vez más y es importante reconocerlo antes de que sea demasiado tarde.
Ayer, Washington Mutual (WaMu) se fue a la quiebra después de que en sólo diez días sus clientes sacaran 11.000 millones de euros por miedo a que el banco no pudiera devolvérselos nunca. El pánico no se produjo sólo en la bolsa sino que llegó a los hogares de muchos estadounidenses exactamente como ocurrió en 1929.
La quiebra del primer banco de depósitos destruyó las esperanzas de muchos ilusos sobre el efecto limitado de la crisis, que, según ellos, sólo arrasaría a la banca de inversión y a los que hubieran convertido las subprime en el núcleo de su negocio. Según los especialistas de la época, la crisis de los años treinta afectaría casi exclusivamente a los trusts que la habían provocado, pero lo cierto es que dio comienzo a una depresión económica nacional que duró diez años.
La no intervención en el caso de Lehman Brothers fue un intento en la línea que siguieron los políticos, como el presidente Herbert Hoover, durante el crack. Las empresas que habían gestionado mal debían responsabilizarse y extinguirse si era preciso. Las que iban bien pasarían un mal momento, pero continuarían a flote de alguna manera. No fue así: la debacle de los trusts más imprudentes arrastró a los mejores bancos de depósitos del país y millones de estadounidenses perdieron todo lo que tenían.
El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, es un estudioso del crack del 29 y sabía que debía buscar un equilibrio entre castigar a los malos bancos y la onda expansiva que sus dificultades provocarían sobre los demás. Por eso se reunió con las principales entidades financieras y les comunicó que debían preparar un fondo de emergencia por las consecuencias que iban a derivarse del cierre de Lehman Brothers. Y eso las protegió, pero no fue suficiente.
Después de la desaparición de la banca de inversión americana y de su transformación en entidades comerciales, de la quiebra de Lehman, de la venta de Bear Stearns y Merril Lynch, de la estatización completa de Freddie Mac y Fannie Mae, de la nacionalización de AIG y del pánico que ha vaciado las arcas de Washington Mutual hasta provocar su hundimiento tal vez deberíamos plantearnos que las similitudes entre el crack del 29 y el de 2008 existen, y que es urgente abordarlas cuanto antes.
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