Política

Calderón apela al entendimiento y Correa asalta el Congreso de Ecuador

Calderón tiene casi la obligación moral de optar por la democracia frente a los experimentos populistas que van a terminar en regímenes vitalicios y autocráticos.

Editorial

Calderón ha pedido a los mandatarios latinoamericanos madurez y respeto para expresar sus “coincidencias y diferencias”. Chávez en su tradicional programa de radio le ha llamado “caballerito” al más puro estilo Fidel y  no tardará en decir que es un “cachorro” del imperio como ya lo hiciera de Fox. Calderón ha dicho, también en España, que es preciso colocar la capacidad de entendimiento por encima de las diferencias y que el discurso de la unidad latinoamericana se fortalecerá si se reducen las expresiones de descalificación entre mandatarios.


 


Su anuncio de que las relaciones de México con España entran en una nueva etapa reforzada, no deja de ser una obligación del guión si hemos de considerar que hasta el momento el ejecutivo español da bandazos entre el equilibrio que aconseja la prudencia y su simpatía por esas nuevas fórmulas populistas que se están experimentando en Venezuela, Bolivia y ahora en Ecuador.


 


Mientras Calderón pronunciaba estas palabras desde España, en Ecuador una turba asaltaba y obligaba a evacuar el Congreso. Quieren, como su presidente Rafael Correa, impedir que se vete una consulta popular para enterrar la anterior Constitución (que es de 1998). Correa tiene también un programa de radio y ya había alentado a sus partidarios y advertido a los congresistas. Todo esto ya ha sucedido en Bolivia y antes en la Venezuela de Chávez que marca el paso y financia la nueva revolución populista.


 


Felipe Calderón debe su presidencia a la fortaleza de las instituciones de su país después de una apretada victoria electoral que sus adversarios no han dudado en calificar incluso de ilegítima. Calderón tuvo inmediatamente el apoyo internacional, fundamentalmente de Estados Unidos y de Europa. Calderón tiene casi la obligación moral de optar por la democracia frente a los experimentos populistas que van a terminar en regímenes vitalicios y autocráticos.


 


Su despliegue en Europa, incluso antes de la visita obligada -para un mandatario mexicano- a los Estados Unidos, será un acierto si evita posiciones equidistantes al populismo autoritario, como practican buena parte de los gobiernos europeos y si consigue que los Estados Unidos vuelvan la cara hacia América Latina. Calderón deberá buscar la complicidad de los Estados Unidos si quiere, como ha dicho, convertir a México en un referente en la Región.

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