Se le acusa de incitar a la subversión.
El “delito” cometido es que criticó en algunos artículos en Internet determinados aspectos de la sociedad china y el concepto chino de democracia. En concreto, fueron los siguientes textos, considerados difamatorios: “la enfermedad del sistema y la medicina de la democracia constitucional”, “la clave para la democratización es el crecimiento de la oposición civil”, “los pies del movimiento en defensa de los derechos y el cerebro de la democracia constitucional”, “pensamientos sobre derechos humanos y huelga de hambre” (
La Vanguardia).
Tras serle leída la sentencia, el Tribunal no le permitió llevar a cabo ningún tipo de declaración. La condena recibida es similar a la de Liu Xiaobo (
El Mundo).
Él sigue apostando porque la democracia acabará ganando la partida a la dictadura en China. Asimismo, cientos de activistas chinos han sido tenidos tras las revueltas en los países árabes, nos cuenta el diario de Godó. Así, Chen Wei fue acusado de alentar la “revolución del jazmín”. Una de las tesis que con más frecuenta ha barajado el condenado es que el gobierno chino usa la violencia para controlar al pueblo (
ABC).
Sobre este asunto, en El País,
José Ignacio Torreblanca explica que en China se han contabilizado a lo largo de este año 180.000 protestas, todas ellas con la característica común de que tienen carácter político, si bien también añade que buena parte de los que han tomado parte en las mismas lo han hecho en función de aspiraciones concretas y no tanto en función de aspiraciones democráticas en el sentido formal del término.
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