Por cierto, y antes que nada, la econometría es una metodología falsa -como aseguraba Ludwig von Mises- ya que, entre otros despropósitos, pretende medir con presupuestos a priori algo tan impredecible como el comportamiento humano, el desarrollo espontáneo del mercado. De modo que, mediciones como el PIB – de suyo altamente arbitrarias- solo tienen valor “literario”, periodístico, pero están lejos de tener valor científico, en el mejor de los casos pueden tomarse como indicativo de una tendencia.
Según publicaron los analistas del Bank of America (BofA) Securities, en el período de julio a septiembre, las exportaciones resilientes ofrecieron cierto apoyo a la economía de China ayudando a compensar el «claro debilitamiento» de la demanda interna desde junio.
Estos analistas, encabezados por Helen Qiao y Xiaoqing Pi, señalaron que las cifras recientes coinciden con su visión de que el crecimiento del Dragón Rojo «seguirá adelante sin ayuda inmediata de estímulos de política monetaria» desde Beijín.
La economía de China habría crecido ligeramente más de lo esperado en el tercer trimestre de 2025, pero con un ritmo más lento en un año con persistentes dificultades dada una fuerte “desinflación” y las tensiones políticas y comerciales con Trump.
El PIB habría crecido un 4,8% interanual en los tres meses hasta el 30 de septiembre, según datos oficiales publicados el lunes pasado. La cifra estuvo ligeramente por encima de las expectativas del 4,7%, pero se desaceleró desde el aumento del 5,2% visto en el trimestre anterior.
En términos anualizados, el crecimiento del PIB también estuvo en su nivel más lento desde el tercer trimestre del año pasado. El PIB creció un 1,1% trimestral, por encima de las expectativas del 0,8%. Así, el PIB acumulado de China a en 2025 habría aumentado un 5,2%, ligeramente por debajo del 5,3% visto en el trimestre anterior, pero aún por encima del objetivo anual de Pekín del 5%.
Las exportaciones y la manufactura siguieron siendo los mayores impulsores del crecimiento, mientras que el gasto del consumidor y la inversión privada se enfriaron aún más. Beijín había implementado una serie de medidas de “estímulo” para apoyar el crecimiento en los últimos trimestres, aunque el respaldo de estas medidas se vio disminuido en los últimos meses y, probablemente, esto haya provocado una mejora dado lo negativo que suelen ser estos “estímulos” al mejor estilo keynesiano.
Los datos oficiales parecieron destacar que algunas facetas de la economía china, especialmente su masiva industria exportadora, se mantuvieron fuertes y continuaron sosteniendo el crecimiento. Pero la “deflación” persistente, la débil inversión privada y una prolongada caída del mercado inmobiliario restaron crecimiento.
Otros datos mostrarían que la economía china repuntó en septiembre. La producción industrial y las ventas minoristas crecieron más de lo esperado el mes pasado, según datos oficiales recogidos por BofA, mientras que la tasa de desempleo habría caído inesperadamente al 5,2% desde el 5,3%.
Pero la inversión en activos fijos —un indicador del gasto empresarial— se habría contraído inesperadamente un 0,5%, registrando su primera contracción mensual desde las salvajes cuarentenas durante el 2020.
Sin embargo, dado «un tono más positivo» en torno al comercio tras un acuerdo alcanzado entre Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, el mes pasado, «los riesgos se inclinan al alza», dijeron los analistas de BofA que mejoraron sus previsiones de crecimiento del PIB de China al 5% para este año, 4,7% para 2026 y 4,5% para 2027. Anteriormente habían pronosticado una expansión del 4,7%, 4,3% y 4,1%, respectivamente.

















