“Colombia también le hará a Estados Unidos unas peticiones muy ambiciosas y concretas para su agricultura”. Así lo anunció el jefe negociador del Tratado de Libre Comercio, Hernando José Gómez, quien confirmó que las partes empezaron el tradicional toma y dame en este campo, luego de ocho rondas de conversaciones que se iniciaron en mayo de 2004.
Importante reunión para definir el Tratado de Libre Comercio
Las declaraciones del funcionario tienen como contexto la mala experiencia que
vivieron Ecuador y Perú durante las reuniones bilaterales con los
estadounidenses, la semana pasada, en las cuales los andinos recibieron
propuestas que no calaron bien entre los empresarios, el gobierno y la misma
comunidad.
Gómez tiene unas expectativas aterrizadas. En Washington cada
una de las partes destapará sus cartas, dirá qué productos quiere exportar, los
plazos para la desgravación arancelaria y lo que estaría dispuesto a entregar o
liberar a cambio. A lo sumo, se harán preguntas aclaratorias sobre impuestos a
las importaciones, aranceles base o cupos de importación (contingentes), pero no
se vislumbra el inicio de esa etapa más caliente que es el regateo.
A
esta altura de la partida, los jugadores ya saben bien por lo que
van.
Colombia, por ejemplo, tiene lo que se llama una agenda ofensiva en
la cadena láctea. En cristiano, eso significa que se tiene la confianza
suficiente para exportar quesos frescos, yogur y mantequilla al país del Norte.
La meta es que su acceso sea inmediato y sin aranceles, o sea en la llamada
canasta A. O, en su defecto, que se determine un contingente o cuota, pero
también libre de impuestos. La contracara es que a E.U. le encantaría colocar
sin restricciones sus quesos semiduros.
Eso es lo fácil de negociar. Más
adelante están los huesos duros de roer, que en el caso colombiano se relacionan
con los cuartos traseros de pollo (que no se discutirán en esta bilateral), el
maíz, el arroz y el fríjol. Los datos de Gómez indican que estos últimos tres
cultivos tienen en el país un área sembrada de 1 millón de hectáreas y generan
un millón de empleos. En carnes, lácteos y algunas oleaginosas también hay algún
grado de sensibilidad.
En cuanto a las flores, extraoficialmente EL
COLOMBIANO estableció con algunas fuentes que los estadounidenses han ofrecido
un acceso en canasta B, o sea libre de aranceles pero dentro de cinco años. Eso
sería una desmejora, pues actualmente, por los beneficios del Atpdea, se pueden
exportar a Estados Unidos sin impuestos.
La contraparte sabe bien eso,
pero por estrategia de negociación intenta generar algún ruido. Mientras tanto,
en el país suramericano saben que no sería posible firmar un TLC con las flores
en canasta B. De unos 700 millones de dólares que exportan estos productores,
más de 600 millones van a los Estados Unidos.
Los estadounidenses también
tienen sus talones de Aquiles. A ellos les duele el azúcar, el tabaco, los
lácteos, las frutas y la competencia que en el 2006 tendrá su aceite de soya con
el aceite de palma. Ahora sólo falta ver cómo se traduce todo este conocimiento
recíproco en la mesa.
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