El presidente de Colombia, Álvaro Uribe, y su homólogo de Venezuela, Hugo Chávez, reanudaron las relaciones interrumpidas tras la crisis desatada por la detención de un rebelde de las FARC en Caracas.
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Martes, 21 de julio 2026
El presidente de Colombia, Álvaro Uribe, y su homólogo de Venezuela, Hugo Chávez, reanudaron las relaciones interrumpidas tras la crisis desatada por la detención de un rebelde de las FARC en Caracas.
Encuentro entre Chavéz y Uribe
El nuevo rumbo que tomaron las relaciones colombo-venezolanas, luego de dos meses de rompimiento, comenzó a hacerse claro, cuando el presidente Uribe bajó del avión y su homólogo venezolano le dio un abrazo como no se recordaba desde los tiempos en que estrechó emotivamente a la reina Isabel II de Inglaterra.
Uribe vestido de ´beige´y Chávez, de gris oscuro, escucharon solemnemente, uno al lado del otro, Uribe con la mano derecha en el corazón, los himnos nacionales de los dos países.
No es corriente que un Presidente reciba a otro en el aeropuerto. La recepción fue con todos los honores. Cañonazos incluidos. Trascendió que, el lunes en la noche, Chávez le hizo saber a su canciller, Alí Rodríguez, que acudiría a la llegada de Uribe a Maiquetía. Un gesto deferente, que pretendió expresar su preocupación por la salud de su homólogo colombiano, en su primer viaje, tras una convalecencia difícil de la laberintitis que le hizo aplazar su cita de hace una semana.
De la parte venezolana acudieron el canciller, Alí Rodríguez; el ministro del interior, Jesse Chacón; el de la Defensa, Jorge Luis García Carneiro; el de Comunicación, Andrés Izarra. Uribe, pese a las expectativas por su afección del oído, tuvo un buen viaje. Lo recibió el embajador de Colombia, Enrique Vargas. Al Presidente se le vio hablando con la esposa del embajador, Elvira Pérez de Vargas, a quien tomó por el brazo. A su llegada al aeropuerto, Uribe estuvo acompañado de la delegación en pleno: la canciller, Carolina Barco; el secretario de prensa, Ricardo Galán; Elsa Lucía Arango, la médica bioenergética de Uribe; el cónsul Darío Angarita; el ministro plenipotenciario de la Embajada, Luis Alberto Lobo; el director de América de la Cancillería, Mauricio Baquero; la directora de Proexport, Mónica Lanzetta; el capitán Amaya, jefe de la Casa Militar de Colombia, y el jefe del Seguridad de la Presidencia.
Luego se trasladaron a Miraflores, donde en el despacho presidencial, a puerta cerrada con sus cancilleres, estuvieron desde las 11:15 de la mañana hasta las 5 de la tarde, cuando ofrecieron la rueda de prensa. Solo se supo de ellos por el canal 8, la TV oficial venezolana, que los mostró analizando unos mapas, lo que dio lugar a la versión de que Chávez le estaría enseñando imágenes satelitales que dejaban claro cómo no existen campamentos de la guerrilla en la zona.
La jornada tuvo un receso a las 2 de la tarde para almorzar. La delegación, que no resistió tanto, almorzó primero que ellos.
Antes de entrar, la Canciller dijo: “La crisis está superada, y lo que queremos es hablar los distintos temas de esa agenda tan completa que tenemos Colombia y Venezuela”.
Al final vino la rueda de prensa, bajo la sombra tutelar del cuadro de Simón Bolívar que se ve en las alocuciones presidenciales de Chávez.
Políticamente, para Uribe era clave oír estas palabras de su colega: “Venezuela es una nación que lucha contra el terrorismo cualquiera sea su rostro, disfrácese como se disfrace, vístase como se vista”. Y aún más, aseguró que su gobierno no apoya “acto terrorista alguno” y que luchará con todos los recursos “contra el terrorismo de cualquier signo”.
Chávez anunció la reactivación de los trabajos del gasoducto transfronterizo, de la venta de gasolina venezolana a los pueblos y ciudades fronterizas colombianas, y del paso libre de carbón de Colombia hacia Venezuela, y algo muy importante para Colombia: la “plena” reanudación del intercambio comercial entre ambos países. Y ordenó a las autoridades fronterizas levantar todo tipo de restricción surgida de la crisis.
Uribe, que tuvo poca oportunidad de hablar y se veía incómodo cuando Chávez se tomó la palabra con largueza para explicar sus sueños de integración suramericana, admitió: “La primera es reconocer que este desafío terrorista en Colombia, por supuesto, engendra dificultad a nuestros vecinos”.
Luego, añadió, que fue “una reunión muy constructiva” y que “no veía la hora” de ir al vecino país, pues “el diálogo entre hermanos hay que mantenerlo y profundizarlo todo el día”.
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