Política

Conflictos internos de carácter secesionista amenazan las labores de asistencia

La titánica tarea de entregar ayuda en los países afectados por el tsunami del 26 de diciembre en el sur de Asia ha encontrado una nueva fuente de obstáculos en Sri Lanka e Indonesia, los dos estados más dañados por la catástrofe.

Maremoto sudeste asiático
En ambos países, conflictos internos de carácter secesionista amenazan las labores de asistencia a las víctimas. Ante este panorama, el coordinador de emergencias de la ONU, Jan Egeland, advirtió a las partes enfrentadas en estas zonas que deben mantener la paz porque, de lo contrario, pondrán en riesgo millones de dólares en ayuda y no se podrá acceder a los necesitados.

En un primer momento, en Sri Lanka, se encendieron las expectativas. El desastre en la ex Ceilán, donde perecieron unas 30 mil personas, apareció como una posibilidad de acercamiento entre el gobierno y los separatistas del grupo Tigres de Liberación Tamil Eelam (Ltte), que luchan por su independencia y controlan sectores del noreste del país. El sangriento conflicto de origen étnico -los tamiles son minoría- se arrastra desde 1983 y se mantiene a pesar del cese el fuego firmado a fines de 2002, ya que el diálogo entre las partes se encuentra estancado.

Por eso, en este ámbito, las noticias iniciales parecieron alentadoras. Los reportes destacaron la eficiente respuesta de los rebeldes frente a la catástrofe: el Ltte se organizó para evacuar a los sobrevivientes, rescatar cadáveres e identificar a los fallecidos. Montaron retenes en los caminos para evitar actos de saqueo, donaron sangre y se preocuparon del transporte de heridos a los hospitales. Cuando los rebeldes encontraban el cadáver de un soldado lo entregaban a las autoridades, actitud que fue correspondida por el Ejército. La cooperación también se dio en el reparto de víveres y agua.

“No vemos este desastre como tamiles. Nuestra preocupación está sólo con los que sufrieron con el tsunami”, dijo un jefe rebelde, mientras que la Presidenta del país, Chandrika Kumaratunga declaró que “es tiempo de que olvidemos nuestras diferencias y trabajemos por reconstruir la nación”.

No obstante, informes recientes apuntan a que este clima de conciliación se ha enturbiado. La cadena británica BBC aseguró ayer que una señal de la renovada tensión entre las partes es que los tamiles están acusando al gobierno de utilizar las operaciones de rescate con fines políticos. Además, denuncian que la ayuda enviada a las zonas de influencia rebelde es escasa. Colombo niega las acusaciones e insiste en el despliegue de soldados en todos los campamentos de desplazados, una medida que el Ltte rechaza e interpreta como una táctica de intimidación.

En este escenario de desconfianza, los tamiles también han expresado su inquietud por el arribo de tropas de EE.UU. al país, advirtiendo que no vienen a cooperar en las labores de rescate sino a ayudar a Colombo a espiarlos. Washington, que tiene al Ltte en su lista de grupos terroristas, ha anunciado el envío de 1.500 marines a Sri Lanka, hasta donde llegó ayer el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, quien llamó a las partes a superar sus diferencias.

La situación no es muy distinta en Indonesia, el país más afectado por la tragedia, con más de 100 mil muertos. Desde 1976, año en que el Movimiento por la Liberación de Aceh (GAM) inició su campaña separatista de Yakarta, cerca de 10 mil personas han muerto por el conflicto. Ambos bandos rompieron sus relaciones en mayo de 2003 tras un breve alto el fuego, pero reimplantaron el cese de hostilidades tras el maremoto.

No obstante, efectivos militares que participan en los operativos de asistencia denuncian que los rebeldes están dificultando sus labores. A su vez, los separatistas acusan al Ejército indonesio de usar la dramática situación como pretexto para reanudar su ofensiva militar.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú