Las críticas internacionales ante el fraude de las elecciones legislativas van en aumento en paralelo al descontento de la población rusa.
Hillary Clinton ha sido una de las voces que se ha alzado contra el fraude percibido en las elecciones rusas, lo que no ha gustado a las autoridades rusas. Así, Nicolai Konkin, secretario del Comité Electoral Central, respondió a la norteamericana, “invitándola” a que se centre en sus asuntos, más en particular, en las presidenciales de Estados Unidos de 2012 (
El País).
Para Clinton, las elecciones celebradas no fueron “ni libres, ni justas” por lo cual, bajo su punto de vista, la conclusión es clara:
“los votantes rusos merecen una investigación exhaustiva del fraude y la manipulación electoral”. Desde el interior de Rusia, el líder comunista Ziuganov iba en la misma dirección argumental que la ex Primera Dama norteamericana, afirmando que
“las elecciones fueron absolutamente ilegítimas desde el punto de vista jurídico como moral” (
La Vanguardia).
Igualmente, como puntualiza ABC, sólo Putin puede estar satisfecho de estos comicios: ha retenido la mayoría absoluta, aunque por escasos márgenes, puesto que perdió 77 diputados.
Si desde fuera de Rusia han irrumpido numerosas acusaciones, en el interior del país ha tenido lugar una oleada de protestas, de tal modo, que se celebró una manifestación saldada con la detención de 300 personas quienes pedían la dimisión de Putin (
ABC), siendo una de las palabras más pronunciadas la de “revolución”, exigiendo una “Rusia sin Putin” (
La Razón).
Así, miles de efectivos de la policía han ocupado el centro de Moscú, pese a lo cual “la otra Rusia” ha citado para hoy martes a que todos aquellos que estén en desacuerdo con lo ocurrido durante las elecciones, se concentren en la Plaza Triumfalnaya (
El Mundo). Si finalmente se lleva a la práctica, puede que sea la manifestación opositora más grande a la que tenga que hacer frente Putin (
El Periódico).
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