Pensamiento y Cultura

Daniel Pipes: ¿Podrá Palestina garantizar la paz en sus propios territorios?

Islamólogo y pensador, Daniel Pipes encara sus obras hacia el aviso constante de qué sucedería con Europa y EEUU si finalmente cayesen bajo la influencia de los fundamentalistas islámicos, como han pretendido mediante acciones terroristas y sumamente violentas. Hijo del sovietólogo Richard Pipes, este hombre dirige la Middle East Forum, una organización creada para definir y preservar los intereses estadounidenses en el Medio Oriente.

Esta semana nos fijamos en …
Daniel Pipes es una de las personas que más ha criticado abiertamente en Estados
Unidos los últimos acuerdos de paz en Oriente Medio y, actualmente, es pesimista
respecto a la habilidad de la Autoridad Palestina de controlar la violencia en
los albores del alto el fuego proclamado.

Pipes es el director de la
institución Middle East Forum, y fue nominado por el Presidente George W. Bush
para el United States Institute of Peace en el 2003. Daniel Pipes afirma que la
Autoridad Palestina bajo Mahmoud Abbás está buscando hacer tiempo al acordar el
alto el fuego, porque no ha abandonado la idea de destruir Israel ya que no lo
acepta como estado.

En este sentido, y en una reciente entrevista
publicada en el mes de febrero afirmaba que “la nueva directiva del bando
palestino dice que la violencia no ha funcionado, que el terrorismo ha sido
contraproducente, que nos movemos hacia atrás en lugar de hacia delante como
resultado de ello, así que es hora de pararlo. Es decir, es una decisión
táctica, y es una decisión táctica acertada, pero meramente es una decisión
táctica, no dice que aceptamos a Israel y que vamos a vivir en armonía con
Israel. Dice que la violencia en este momento es contraproducente”.


Respecto a Abbas

Con respecto al
trabajo, o la tarea de Abbas, Pipe cree que “su propósito es obtener más
concesiones de los israelíes para ser más fuerte, para continuar luchando contra
ellos. Es puramente táctico. Él es un hombre serio. Lleva dos años y medio
hablando de la necesidad de terminar la violencia, y en consecuencia no
sorprendente que haya hecho de estos primera prioridad. Si en realidad puede
echar el guante a la violencia es una cuestión, y cuáles son sus intenciones
después es otra”.

Para él “el enfoque de consenso es que los palestinos
han aceptado a Israel, y que ahora sólo es cuestión de crear las circunstancias
correctas, mirar al frente, colocar los acuerdos, y todo seguirá su curso”. Y su
conclusión es que se trata de un problema mucho más profundo, “lo que veo
realmente importante es un rechazo desde el bando palestino a abandonar el sueño
tan antiguo de destruir Israel”.

Sentimientos de
odio


Respecto a los sentimientos de odio que sigue despertando el
pueblo judío entre otros colectivos, para Pipes, “puede que el antisemitismo
parezca ser un fenómeno estático e invariable, pero en la práctica, el odio
obsesivo contra los judíos tiene una historia que se remonta milenios y continúa
desarrollándose”.

Para él los progresos desde la Segunda Guerra Mundial
y el Holocausto han sido especialmente “raudos y portentosos”, destacando entre
los cambios más significativos de los últimos tiempos el hecho de que las
simpatías hacia los judíos se hayan tornado de derechas, de que sean los
musulmanes los que más “persigan” a este pueblo, de que el odio religioso se
haya secularizado pasando a ser un odio al “estado judío” y la tendencia a unir
antisemitismo con antiamericanismo.

Terroristas
en democracia


Otro aspecto que analiza Pipes en sus reflexiones es
sí, una vez abandonada la violencia, los grupos terroristas merecen volver a la
vida democrática. De esta manera, plantea “si al-Qaeda renunciara al terrorismo,
¿celebraría el gobierno norteamericano su candidatura rival en las elecciones
norteamericanas? De haber denunciado los Nazis la violencia, ¿hubiera sido
Hitler un buen canciller para Alemania? Probablemente no, porque las tácticas de
al-Qaeda o de los Nazis importan menos que sus metas”.

Siguiendo con
este razonamiento, Pipes considera que “igualmente, Hezbolá y Hamas son
inaceptables a causa de sus metas. Estas organizaciones son elementos
importantes del movimiento islamista que pretende crear un orden global
totalitario en la línea de lo que ya se ha creado en Irán, Sudán o en Afganistán
bajo los talibanes. Se ven a sí mismos como parte de un choque cósmico entre los
musulmanes y occidente en el que el ganador domina el mundo”.

Estas
señales comenzaron la semana pasada cuando el Presidente Bush indicó que aunque
Hezbolá, un grupo libanés, es “una organización terrorista”, él espera que
cambie esa designación “deponiendo las armas y no amenazando la paz”. El
portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, elaboró después este comentario
especificando las dos alternativas: “organizaciones como Hezbolá tienen que
elegir, o eres una organización terrorista o eres una organización política”.


A pesar de que, respecto de sus afirmaciones, alguien pudiese pensar lo
contrario, Pipes afirma rotundo que “me gusta la idea de que la gente participe
electoralmente. Es positivo que te presentes a las elecciones. Puede que algunos
se presenten y digan, votad por mí, estoy impaciente por volar América. No sé,
no sé si esa sería su plataforma o no. Pero no lo creo. Creo que la gente que se
presenta generalmente dicen, votad por mí, estoy impaciente por solucionar
vuestros pozos ciegos, o asegurarme de que ponéis pan en la mesa”.

Visiones utópicas

Así, el pensador considera que
“cuando los adeptos políticos totalitarios se hacen con el poder
democráticamente, no arreglan los pozos o mejoran las escuelas – si no es como
medio de transformar sus países según sus visiones utópicas. Esta generalización
se aplica con más claridad a los casos históricos (Adolf Hitler en Alemania tras
1933, Salvador Allende en Chile tras 1970) pero también parece válida para los
actuales (Khaleda Zia en Bangladesh desde el 2001, Recep Tayyip Erdoğan en
Turquía desde el 2002)”.

De esta manera, Washington debería adoptar una
posición de principios que excluya del proceso democrático no sólo a los
terroristas, sino también a los totalitarios que utilizan el sistema para llegar
al poder y mantenerse en él. No es suficiente que las organizaciones islamistas
renuncien a la violencia; siendo irremediablemente autocráticas, tienen que ser
excluidas de las elecciones.

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