AGENCIAS / EDE. – Mahmud Ahmadineyad tomó posesión de su cargo como presidente de Irán, en su segunda legislatura, este miércoles en una ceremonia caracterizada por la ausencia de felicitaciones occidentales y las protestas en las puertas del Parlamento. Estas han sido respondidas como viene haciendo el régimen islámico desde que comenzaran las manifestaciones ante las sospechas de fraude en el recuento de votos: represión y detenciones.
MUNDO / Occidente no le felicita
Alrededor del Parlamento, la Policía y el grupo paramilitar religioso Guardianes de la Revolución (basij) montaron un amplio dispositivo destinado a impedir que las protestas en torno al edificio puedan aguar la ceremonia a Mahmud Ahmadineyad y las autoridades teocráticas del país. Además, según relataron algunos testigos, se cortó el servicio de telefonía móvil, que ha jugado un papel fundamental en las protestas, en la zona. A pesar de todo eso, unos cuantos cientos de opositores pudieron concentrarse en las inmediaciones del lugar.
Al menos una docena de estos manifestantes fueron detenidos por las fuerzas de seguridad. A ellos hay que sumar otros cinco que, en otro punto, fueron conducidos a un coche policial sin identificación mientras avisaban al resto de manifestantes de que estaban siendo arrestados. Otras miles de personas se congregaron en las calles próximas al Parlamento, si bien los policías les impedían pararse.
Aunque no ha se han producido enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad, si ha habido represión de las protestas. Esta ha llegado a su punto culminante, detenciones aparte, al finalizar la toma de posesión. Para despejar el terreno al renovado presidente de la República Islámica de Irán a su salida del Parlamento, la policía consiguió que los manifestantes huyeran a de las inmediaciones mediante el uso de gases lacrimógenos.
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