EP / EDE.- Más de tres millones de refugiados paquistaníes están preparando su regreso al valle del Swat, zona plagada de terroristas y talibanes que constantemente cruzan la frontera con Afganistán. Aunque Pakistán anunció que la gran ofensiva militar está a punto de concluir, EEUU le ha exigido que se empleé a fondo y termine bien con el trabajo.
MUNDO / Peligro para tres millones de refugiados
A pesar de que el Gobierno paquistaní ha declarado que la gran ofensiva contra los grupos criminales y terroristas en el valle del Swat está llegando a su fin, la situación sobre el terreno dista del panorama triunfalista que describen las autoridades de Islamabad. Los combates entre tropas y terroristas mantienen una elevada intensidad y, finalmente, en los últimos años ha quedado demostrado que una eventual retirada de los terroristas no garantiza que no puedan contraatacar con renovada intensidad.
Y mientras, casi tres millones de refugiados tras los combates preparan su regreso al hogar, inseguros de la garantía que les ha proporcionado Islamabad, que se ha comprometido a reasentar a todos los desplazados en un espacio de tiempo no superior a los cuarenta días. Esa promesa es bastante difícil de cumplir por la conocida lentitud de la burocracia paquistaní.
La ofensiva de Pakistán en el valle de Swat ha sido una exigencia del Ejército de EEUU, desde el comienzo de su campaña militar antiterrorista en Afganistán. Washington pide a Islamabad que se aplique intensamente contra los talibanes que operan en la frontera.
Pakistán, según el Ejército estadounidense, estuvo “contemporizando” durante largo tiempo la operación hasta que la administración del presidente Barack Obama decidió acelerar el proceso, con la entrega de 1.500 millones de dólares -propuestos en abril, aprobados hace una semana- en concepto de ayuda económica.
La operación dio comienzo en abril con el despliegue de 40.000 soldados en el valle. Dos meses y medio después, más de 1.000 terroristas y un centenar de soldados han fallecido en los enfrentamientos. Con la victoria y recuperación del bastión protalibán de Mingora, el Gobierno de Islamabad entraba en un estado de justificada euforia que les llevó a anunciar el más que presumible éxito del ataque, que tenía como objetivo último la muerte o captura de los líderes talibán paquistaníes. A día de hoy, sin embargo, todos ellos siguen en libertad.
En tanto y mientras la primera remesa de refugiados está a punto de completar su regreso, la intensidad de los combates se mantiene en algunos puntos de Swat y Buner. Los desplazados son conscientes de que esta ofensiva militar ha sido la más importante y la más eficaz de los últimos años, pero si hay una certeza que todos comparten es que el Ejército no ha logrado amedrentar a las milicias hasta un punto en el que depongan las armas o se escondan para siempre en las cuevas de las montañosas regiones adyacentes.
La victoria lleva consigo un alto precio para la población civil, en parte porque el Ejército paquistaní emplea tácticas bélicas convencionales: primero bombardea la zona, después interviene a pie. Esta táctica “devasta ciudades, mata a civiles, aniquila la propiedad privada y elimina la escasa infraestructura que quedaba en la zona”, según el experto Claude Rakisits del grupo de análisis Geopolitical Assessments en un articulo para el diario The Australian.
Ese es el escenario al que tendrán que regresar los desplazados que de antemano saben que los talibanes siguen escondidos en la zona. EEUU quiere que Islamabad ataque el sitio clave: Waziristán del Sur, punto de encuentro de las terroristas paquistaníes y talibanes afganos.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR