Vincent Gray explora y analiza el pensamiento retrógrado que se esconde detrás de los acuerdos europeos medioambientales.
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Martes, 21 de julio 2026
Vincent Gray explora y analiza el pensamiento retrógrado que se esconde detrás de los acuerdos europeos medioambientales.
Opinión: Vincent Gray
“Consenso es el proceso por el
cual se abandonan todas las creencias, principios, valores y políticas en la
búsqueda de algo en lo cual nadie cree ni objeta; es el proceso que impide
resolver los problemas solamente por que usted no puede llegar a un
acuerdo.” (Margaret Thatcher, The
Downing Street Years, página 167)
El “Resúmen para Hacedores de Políticas” que aparece al
comienzo de todo los Informes del Panel Internacional sobre el Cambio Climático
(PICC) ha sido acordado por todos los representantes de gobiernos así como por
los más importantes científicos. Es, por lo tanto, un verdadero
consenso.
Pero, a pesar de ser un indudable acuerdo unánime,
también representa un compromiso entre visiones opuestas que sufre de las
anomalías tan claramente descriptas por
Maggie.
Por ejemplo, véase la declaración hecha en “Climate
Change 1995” (publicada en 1996):
“Un balance de las evidencias sugiere una discernible
influencia humana en el clima global”
Para comenzar, el “balance de las evidencias” no prueba
que los humanos influyan sobre el clima como tampoco demuestra que exista alguna
influencia. Todo lo que tenemos es que “sugiere” una influencia, la cual es
meramente “discernible”. No se suministra ninguna prueba científica que
fundamente la sugestión, o sobre quien la
formula.
Por lo tanto, no hay mención de los gases del efecto
invernadero como una de las posibles “influencias humanas”. Es evidente que debe
haber habido una considerable cantidad de participantes que se rehusaron a
incluir esta influencia en la declaración.
Todos los científicos acordarían con el PICC que los
humanos influyen en el comportamiento del clima, pero la declaración del PICC no
puede interpretarse como una afirmación de que existe una relación de causalidad
entre los gases del efecto invernadero y el clima, a pesar de que algunos así lo
creen.
Todas las declaraciones del PICC en los distintos
“Resúmenes para Hacedores de Políticas” carecen de conclusiones comprometidas
con algún tipo de definición. Es el precio que se paga a cambio de
consenso.
“Climate Change” (1990), el primer informe del PICC, dice
en su primer párrafo que una cantidad adicional de gases del efecto invernadero
provocarían
“en promedio en un calentamiento adicional de la
superficie terrestre”
pero no dice si este calentamiento adicional es
mensurable, significante o importante.
Más adelante, el informe señala, refiriéndose al registro
climático combinado de estaciones,
“La magnitud del calentamiento es ampliamente consistente
con la predicción de los modelos climáticos pero es también de la misma magnitud
como la variación natural del clima”.
Ahora, si se comparan el registro climático combinado de
estaciones que ellos suministraron con las predicciones de los modelos
climáticos, se llegará a la conclusión de que existe sólo una pequeña
consistencia entre ambas. El registro climático de las estaciones muestra un
gran aumento de la temperatura entre 1910 y 1940 cuando los gases del efecto
invernadero comenzaron a esparcirse, y una caída entre 1945 y 1975, cuando
aumentaron. Los registros, obviamente, son ampliamente inconsistentes. En lo
único en lo que coinciden es en que ambos aumentan en la centuria pasada. Y aquí
entramos en un trampa persistente del PICC. Ellos saben que la relación
causa/efecto no puede ser establecida comparando curvas similares, pero tratan
de encontrar una forma de decir las cosas de modo tal que implique que se puede
establecer un vínculo. Diciendo que algo es ampliamente consistente es una
manera de exponerlo.
Aún si se encontrara la relación de causa-efecto, podría
no tener que ver de ninguna manera con los gases del efecto invernadero, ya que
los modelos climáticos, basados en los gases del efecto invernadero son también
un modelo aproximado para la energía de combustibles fósiles. Aún en el caso de
que se llegue a un buen acuerdo entre el calentamiento de las estaciones del
clima, basado en los gases del efecto invernadero, podría ser ello a causa de la
influencia que tiene sobre los termómetros el calor adicional que deviene de la
quema de combustibles más que por la emisión de los gases de efecto
invernadero.
El último informe del PICC “Climate Change 2001” hace
algunas afirmaciones confusas.
“Hay una nueva y fuerte evidencia de que la mayoría del
calentamiento observado en los últimos 50 años es atribuible a actividades
humanas”.
“Los últimos 50 años” es una afirmación desconcertante.
El registro climático combinado de las estaciones, promovido ampliamente por el
PICC como indicador del cambio global de la temperatura, no muestra un
recalentamiento en los últimos 50 años. En la primera mitad, 1950-1975, la
temperatura descendió. Luego, muestra un ascenso sólo en los últimos 25 años.
Ahora, el registro satelital, que es mucho más confiable que el registro
climático de estaciones, no muestra un calentamiento significativo en el último
cuarto de siglo.
Luego, ¿qué quiere decir “atribuible”? ¿Es acaso otra
forma de inferir de una correlación una prohibida relación
causa-efecto?
¿Y de qué “actividades humanas” se trata? No se menciona
a las emisiones de gases del efecto invernadero como una de
ellas.
Luego leemos:
“… la mayor parte del calentamiento durante los últimos
50 años se debe, probablemente, al incremento en las concentraciones de gases
del efecto invernadero”.
Tenemos entonces otra violación a las reglas de la
relación causa-efecto; usando la palabra “probablemente” como una forma de
encubrir, y en este caso sin la mención de los humanos. El gas de efecto
invernadero es, después de todo, el vapor de agua que puede variar sin
intervención humana.
Ninguno de los “Resúmenes para Hacedores de Políticas”
del PICC expresan la relación entre los gases del efecto invernadero y cualquier
parámetro climático, establecida por una enorme cantidad de evidencia
científica; independientemente de los beneficios adicionales a plantaciones,
bosques y el crecimiento de las cosechas.
La verdadera opinión de los científicos del PICC puede
encontrarse en el capítulo 1 de “Climate Change 2001”, página
97:
“El hecho de que la temperatura global se ha incrementado
desde fines del siglo diecinueve y que otras tendencias han sido observadas no
significa necesariamente de que se haya determinado un efecto antropogénico
sobre el clima. El clima siempre ha variado en todas las escalas de tiempo, por
ello el cambio observado puede ser natural”.
Sin embargo, esta opinión ha sido enterrada, merced a la
necesidad de lograr consenso.
(Originalmente publicado en Tech Central Station. Traducido con autorización por Gustavo
Jalife.)
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