Política

El costo de vivir mejor en México

Roberto Salinas León nos explica porqué es tan difícil crecer económicamente en México. Este caso se aplica también a otros países en desarrollo.


La interrogante capital en nuestro entorno económico, aun a pesar de la
incipiente recuperación, es “¿porque no crecemos?” Las explicaciones
convencionales tienden a dar una salida fácil: el nivel del tipo de cambio, la
falta de gasto público, la necedad del banco central y su religión del “corto”,
la apreciación de los salarios, en fin, algún ingrediente que pueda ser objeto
de corrección por un iluminado arquitecto macroeconómico.

Prosperidad,
al instante. Empero, en última instancia, la problemática del crecimiento se
reduce a los niveles de productividad de la fuerza laboral. La tendencia, en
este rubro, refleja una pronunciada caída en la última década, tendencia que
aparenta ya un problema estructural, y no sólo de ciclos o coyunturas. Una
explicación de este fenómeno es que el costo de salir adelante, de crecer y
prosperar, de trabajar en nuestro entorno, es extraordinariamente alto.
Reformar, o quitar, los obstáculos requiere no una solución al instante en el
olimpo de las decisiones macroeconómicas, sino un trabajo cotidiano en la
sombra, a nivel micro, al estilo detective, que identifique y elimine los
obstáculos estructurales a la actividad productiva.

En este nivel,
existen millares de anécdotas que reflejan la enorme frustración sobre los
costos de salir adelante.
 
El empresario en la economía real dedica
una gran cantidad de tiempo en formalizar sus actividades, en cumplir con las
disposiciones fiscales, o en buscar mecanismos de protección alternos (plantas
de luz, seguridad privada, financiamiento a un nivel familiar) ante las
contingencias que se dan por la complicadísima forma del laberinto económico
mexicano. Vivir mejor conlleva un costo extraordinario. Un hábito cotidiano es
ganarle tiempo al tiempo, precisamente porque debemos dedicar tanto tiempo a
cosas ajenas a las labores de una persona que, simplemente, quiere salir
adelante. En el sector de empresas chicas, de micro negocios y de changarros,
las personas actúan mas como litigantes y menos como un empresario genuino. El
lema darvinista de hacer o morir se convierte, en nuestra realidad, tramitar o
morir. Las jornadas laborales se concentran en solucionar eternos problemas con
trámites, manejo de riesgos, o sortear contingencias externas, no en hacer
nuevos negocios o en buscar nuevas oportunidades. El costo de oportunidad de
prosperar, de trabajar, o de emprender, es altísimo.

Ello, bajo el
entorno tramitológico que vivimos, se traduce en una productividad laboral
constantemente presionada hacia la baja. Este aspecto de la economía real
mexicana es generalizado. Los altos costos de la tramitología mundana, o de
anticiparlos cambios en la miscelánea fiscal en turno, obligan a todos (grandes,
medianos y pequeños) a requerir plazas especiales en una empresa, todo un
ejército que se ocupe y preocupe de asuntos fiscales, jurídicos, y contables.
Estas plazas no son prescindibles -definitivamente. Estos costos de transacción
son sólo un rubro de varios apartados extraordinarios que se requieren para
operar, para salir adelante. Existen también los costos tradicionales de la
infraestructura de una empresa, costos básicos como electricidad o telefonía.
Estos, a su vez, también conllevan un amplio desvío de recursos que podrían,
bajo circunstancias competitivas, destinarse a usos más productivos. Los costos
de la gasolina son dos veces superiores a los del norte de la frontera. Los
costos de electricidad, de agua y renta tienen una relación de casi cinco a uno
con nuestros competidores en otros mercados emergentes, sobre todo China o
India. Los costos de regularizar trámites pendientes, por otro lado, ya se deben
solucionar con una ampliación en el renglón de “errores y omisiones”, o sea, el
impuesto sombra conocido como el soborno.

Este es nuestro drama de
productividad. Esta es, en sí, la razón capital de porqué no crece la economía
mexicana: porque crecer, vivir mejor, cuesta muchísimo.


Roberto
Salinas-León es Director General de Política Económica de TV Azteca en México y
Académico Asociado del Cato Institute.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú